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lunes, 14 de septiembre de 2015

Scioli y la Violencia

Nota publicada por "El País", de Madrid - 8 / 9 / 2015



Los argentinos tenemos mucho más afecto por mirar hacia atrás que por proyectar nuestro propio futuro. No estaría del todo mal si esa nostalgia por el pasado nos ayudara a no repetir errores; eso, en política al menos, no es el caso.

Así como hemos permitido que la demagogia, el intervencionismo estatal y el populismo se transformaran en práctica habitual de cualquier administración, no estamos prestando merecida atención al feroz y latente enfrentamiento en la fórmula presidencial que, hasta hoy, tiene más intención de voto: Scioli-Zannini. Las diferencias que ambos encarnan, por conocidas, no debieran parecernos menos peligrosas.

En 1972, la violencia que anidaba en la sociedad argentina se hizo explícita cuando el general Perón decidió volver al país tras su largo exilio. En un hecho de vandalismo inusitado, el aeropuerto de Ezeiza se convirtió en un campo de batalla y marcó el inicio de una época a la que el adjetivo de “sangrienta” le queda chico. Dos vertientes del peronismo se enfrentaron entonces y ese episodio marcó el destino nacional del siglo.

Hubo terrorismo y represión; hubo muertos, sangre y dolor por décadas. Luego la política intentó componer los estragos en una sociedad que no supo aceptar que de ciertas catástrofes nadie sale indemne y que el concepto de “justicia” nunca es absoluto porque la pacificación implica resignación y perdón de ambos lados.

Y vino el kirchnerismo a azuzar rencores. Y a aprovecharse de ellos. Y alimentaron viejos y nuevos enfrentamientos; los que ahora conviven en el oficialismo que, cuando reconoció su incapacidad para mantenerse en el poder tras la salida de Cristina Fernández, no dudó en apelar a la popularidad de quien nunca fue considerado uno de los suyos: Daniel Scioli.

Por eso en este punto de la historia sería útil identificar semejanzas y reconocer que el kirchnerismo puro conserva muchos de los violentos del ’70 entre sus huestes. Justo los que no responden a Scioli, sino a Zannini. Porque quienes acompañaron hasta acá al actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires son, en su gran mayoría, peronistas equivocados pero calmos y, vaya coincidencia, no cuentan con la simpatía de “los otros”. Dos bandos, dos estilos, dos objetivos y un solo espacio: el poder.

Los jóvenes y no tan jóvenes de “La Cámpora”, agrupación nacida alrededor del hijo de la actual presidente y futuro diputado nacional, se han hecho fuertes en la cancillería, los juzgados nacionales, el Congreso y organismos claves como el registro de armas o la Inspección de Justicia, organismo que controla la totalidad de las sociedades que se forman en el país.

De triunfar en las elecciones del próximo 25 de octubre, las huestes del gobernador Scioli, a quien dieron escasísima participación en el armado de las listas de legisladores de modo que tendrá pocos aliados en ambas cámaras, estarán atrincheradas en el Ejecutivo Nacional. Se comenta que también le dejarían el manejo el ministerio de Economía lo cual, ante el legado kirchnerista traducido en déficit, cepo, inflación, pobreza y desempleo, no se sabe si es una concesión o una trampa.

Esta es la foto de lo que puede ser un futuro gobierno de Daniel Scioli. Con final abierto, por supuesto, pero con una certeza: el kirchnerismo no negocia ni retrocede. Aprovecharon la figura del gobernador, simplemente; se juntaron exclusivamente por el objetivo: quedarse. De ellos debiera aprender la oposición si está dispuesta a honrar esa mayoría popular que no quiere la continuidad K.


Tal vez no sea función del ciudadano común reparar en lo que puede venir pero sin duda es exigencia de la oposición que, misteriosamente, omite cualquier referencia a este peligro. No se trata simplemente de la recurrente mención del “país que nos merecemos” y de la necesidad o la voluntad de “un cambio” que no terminan de definir en qué consistiría. Es mucho peor que eso si continúa el kirchnerismo. Nos espera no solamente el atraso económico que ya es endémico; no solamente el maltrato a quien disiente, que también es endémico. Nos espera el atropello institucional de Venezuela más la violencia narco de México. Y nos espera el enfrentamiento interno con los violentos detentando los resortes del poder y la justicia. 

1 comentario:

  1. Buenisimo Mary, es tal cual, realmente la situación mete miedo, tenemos una década del 70 a la vuelta de la esquina, lo mas curioso es que muchos no lo ven, entendería que fueran pibes de la secundaria, pero no, algunos ya peinan canas y parecen haber olvidado todo eso. Patético. Saludos.

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