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jueves, 7 de agosto de 2014

Las alianzas sólo favorecieron a la izquierda



El intento de moderación al menos “estética” sobre los elementos de izquierda recalcitrante en orden a hacer posible su incorporación a una alianza de partidos no es una idea original de Elisa Carrió. Por lo tanto, hay mucho de “acting” en aquellos que se espantaron del socio con el que conformó UNEN. El antecedente inmediato del comunismo-castrismo sumado a partidos menos extremos es el FREPASO y antes, el Frente Grande y en ambos casos tuvo a Pino Solanas como protagonista.

El Frente País Solidario (FREPASO) nació en 1994 con la suma de varios partidos y se disolvió hacia fines de 2001 cuando el máximo exponente de esa fuerza, Carlos “Chacho” Alvarez renunció a la vicepresidencia de la Nación.

Su raíz fue el Frente Grande, formalmente presentado en sociedad por Alvarez en el Café Tortoni en abril de 1993 luego de que un grupo de dirigentes peronistas abandonara el PJ con serios cuestionamientos ideológicos hacia la conducción del entonces Presidente Carlos Menem. Fueron los diputados que se separaron del bloque y formaron el Grupo de los Ocho.

En 1991 habían conformado el Frente para la Democracia y la Justicia Social (FREDEJUSO) con otras fuerzas como el Partido Intransigente (PI), la Democracia Popular, el Partido Humanista y el Partido Comunista. Dos años después, sumaron a la izquierda democristiana (Humanismo y Liberación), a Carlos Auyero y a Pino Solanas con su Frente del Sur. Así llegaron al Congreso “Chacho” Alvarez y Graciela Fernández Meijide por Capital y el propio Solanas representando a la provincia de Buenos Aires.

El Frente Grande se definía a sí mismo como la “izquierda democrática”. Esa auto descripción es interesante y valiosa porque, implícitamente, reconoce la existencia de una izquierda no democrática y, aunque se trate de una verdad de Perogrullo, en boca de los protagonistas adquiere relevancia histórica.

Esa pátina de moralidad que de manera sistemática se arroga la izquierda le deparó al Frente Grande muchas satisfacciones, como un impensado caudal de votos en las elecciones para la Convención Constituyente convocada por el presidente Menem en 1993. Ello determinó que esa flamante fuerza política tuviera particular injerencia en el adefesio de reforma que vio la luz tras el toqueteo al que fue sometida la Constitución de 1853 y del que participaron, justo es reconocerlo, todos.

 Mientras tanto, el reacomodamiento del PJ continuaba. José Octavio Bordón abandonó el peronismo en 1995 y formó su propia fuerza (PAIS) que luego incorporó al Frente Grande. De esa sociedad de partidos nació el FrePaSo (Frente País Solidario).

Dos años después, el FrePaSo selló alianza electoral con la UCR con el objetivo de derrotar al peronismo, medianamente homogeneizado tras la figura de Carlos Menem. Ese mismo año, 1997, se impuso en la elección de mitad de término y se quedó con la mayoría de los cargos legislativos en juego.
Todos aportaban dirigentes. Nilda Garré, por ejemplo, llegó a ese espacio de la mano de Bordón. Eugenio Raúl Zaffaroni fue diputado del FrePaSo en la Ciudad de Buenos Aires desde 1997 al 2000 y Presidente del bloque desde 1997 a 1999. 

“Chacho” Álvarez encabezó la lista triunfante en la Capital Federal y Fernández Meijide en la provincia de Buenos Aires, donde venció a la candidata del Partido Justicialista, Chiche Duhalde. A comienzos de 2000 el también frepasista Aníbal Ibarra resultó elegido en primera vuelta Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Alianza con el 49% de los votos frente al 30% de Domingo Cavallo. El FrePaSo integró, también, el gobierno de la Alianza (1999-2001) con los resultados tristemente conocidos.
El reemplazo de Alvarez por Ibarra al frente del partido produjo una crisis interna que se resolvió con dispersión: algunos se mudaron al ARI y otros volvieron al peronismo, para entonces ya trasvestido en kirchnerismo.
Pasados los años y con la perspectiva que eso otorga, el Pacto de Olivos (1993/4) también puede considerarse una alianza, aunque más o menos encubierta. En ese caso, el peronismo liderado por Carlos Menem y con la anuencia de los encolumnados tras él, como los Kirchner por ejemplo, celebró con el radicalismo en la persona de Raúl Alfonsín, un intercambio de “favores” políticos, una repartija que implicó la posibilidad de la reelección presidencial para uno y la elección del intendente porteño más la invención del tercer senador en ese mismo distrito, para el otro. En el momento pareció un arreglo win-win. El tiempo demostró que es difícil negociar con el peronismo y llevarse un beneficio permanente. Pareciera que la trampa inexorablemente viene dentro del paquete. O de la genética peronista.

Menem efectivamente consiguió la reelección, según los planes. El mecanismo de elección popular del cargo que pasó a llamarse “jefe de gobierno” recayó, también según las previsiones, en un radical.  Y el tercer senador “por la minoría” para la minoría duró una elección,  hasta 2003 cuando el peronismo hizo la gran avivada de desdoblarse en varias líneas internas y colonizar todas las bancas, por la mayoría y por la minoría salvo aisladas excepciones, de allí en adelante y no sén el distrito capital.

De nacer en la Argentina, Francis Fukuyama no hubiese escrito “El fin de la historia y el último hombre” pues hubiera comprobado que por estos pagos no está aceptado que la única opción viable para el progreso de los países es el liberalismo democrático. Su error es considerar que esa premisa se acepta de manera universal como verdad incuestionable y desconoce que lo que él califica de “fracaso del comunismo” aquí goza de buena salud.

Desembarcado el peronismo kirchnerista siguieron las alianzas. De hecho la integración del denominado Frente para la Victoria varió según el distrito electoral. Como un antibiótico, cubre un amplio espectro: peronismo, centro-izquierda y algunos dirigentes de la Unión Cívica Radical (UCR), conocidos como Radicales K: el gobernador de Santiago del EsteroGerardo Zamora, o el misionero Maurice Closs para dar algunos ejemplos. Además, sumó dirigencia disidente de partidos formales que integran el FPV, como el socialismo, la democracia cristiana y el comunismo. En síntesis, el FPV está integrado por el Partido Humanista, el Frente Grande, el Partido Comunista, el Partido Intransigente, el Partido de la Victoria, Proyecto Popular, el Partido VerdeConvergencia K, entre otros.

Algunos, por el contrario, se alejaron: PAIS formó parte del FPV hasta el 2007 y desde entonces integra la Coalición CívicaLibres del Sur, actualmente forma parte del FAP (Frente Amplio Progresista).
Otra alianza: el FAP que, a su vez, se conforma del mencionado Libres del Sur, el GEN, el Partido Socialista y el Partido Nuevo de Córdoba.

La elección de 2013 impulsó otra alianza de partidos un tanto disímiles: convocados por Elisa Carrió, nació UNEN, un rejunte de socialismo, socialdemocracia, radicalismo, progresismo, ecologistas y comunistas y/o ex comunistas que contiene de Alfonso Prat Gay a Pino Solanas y de Victoria Donda a Rodolfo Terragno. Como si esto no alcanzara, en 2014 esos mismos integrantes más algunos dirigentes históricos de la calesita política nacional presentaron en sociedad a FAU (Frente Amplio UNEN), un mix entre el Frente Amplio Progresista (FAP), la UCR y UNEN.

A grandes rasgos, las mencionadas son las alianzas más relevantes de los últimos treinta años.

Si el lector ha logrado llegar hasta esta instancia de lectura merece, para empezar, un explícito agradecimiento a tamaño esfuerzo y un reconocimiento a su impecable estado digestivo. El punto es que, si cansa leer semejante secuencia, cuánto más abruma haberla vivido. Y peor, concluir la poca utilidad que han brindado a la ciudadanía.

Este paneo permite visualizar las mismas caras deambulando por los distintos engendros eleccionistas. Y quedan claras varias moralejas: que se juntan cuando perciben debilidad; que arman alianzas sin contenido filosófico definido y a veces hasta contradictorio y la más seria: que la totalidad de las experiencias aliancistas de las últimas tres décadas giran alrededor del socialismo y las izquierdas. Esas alianzas han potenciado propuestas ideológicas históricamente minoritarias dentro de la escena política argentina. Y han conducido al electorado a votarlas.

Por eso carece de rigurosidad y hasta resulta algo “careta” que el público se rasgue las vestiduras hoy cuando ve a Carrió y a Solanas compartiendo escenario, si acompañó con su voto la vigencia de los elementos de extrema izquierda colados en los distintas propuestas de las últimas décadas.

La centro derecha, en cambio, ha desaparecido como oferta electoral pero no necesariamente por falta de simpatizantes sino por ausencia de dirigentes que levanten la bandera de la libertad. Los partidos y grupos de partidos que hoy son opción prefieren hablar de igualdad, de redistribución y de equidad. Algunos porque creen que la libertad no es una conquista cotidiana y entienden que está garantizada; otros, porque no la consideran el principio que rige la vida en sociedades evolucionadas.


Lo cierto es que el discurso populista ha cooptado la política argentina. Mientras eso pasa, nos aprestamos a jugar (nunca tan literal el término para describir la acción) otras primarias y otra elección nacional donde elegiremos más estado, más demagogia y más calesita.

1 comentario:

  1. Total, absoluta e incondicionadamente de acuerdo. No faltan amigos o conocidos que están encandilados con la "izquierda pulcra", y desconocen o minimizan el hecho de que siempre está por detrás o al lado la izquierda pura y dura.
    Puedo entender que gente desesperada o estudiantes crónicos de artes, filosofía, sociología o psicología, o profesionales desempleados de esas carreras, voten a la izquierda. Pero no puedo entender que lo hagan profesionales, agricultores o empresarios de clase media, crónicamente saqueados por el Estado, víctimas de la inseguridad, de los impuestos, del dirigismo estatal, de la inflación, et caeteris, y que carezcan del mínimo sentido de la autopreservación -para no hablar de un partícula de lucidez política- para no alimentar con sus votos o comentarios a los futuros saqueadores socialistas.

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