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viernes, 11 de marzo de 2011

Peronismo porfiado


Que las catástrofes nos hayan sucedido parece no resultar suficiente para el peronismo. Muchas de ellas no sólo las provocaron sino que encima las festejan. Vaya a saber qué lectura hacen de los cuarenta y nueve días de la presidencia de Héctor Cámpora, su renuncia, el retorno del último Perón (viejo y enfermo aunque idéntico a sí mismo), la violencia desatada y la bochornosa sucesión de su tercera esposa al frente de un país en llamas como para juntarse a recordar la fecha.

Es como si los alemanes rememoraran con emoción el triunfo de Hitler en las elecciones. Que el hecho histórico arranque lágrimas es entendible pero exclusivamente por el daño inmenso y el dolor que desparramó en los años posteriores. Recordar a Hitler y lo que trajo consigo en otro contexto sería de una perversidad impensable.

El kirchnerismo, que es peronismo del puro aunque algunos intenten negarlo para despegar su desastrosa gestión del mito, sólo agregó a modo de sello personal esa suerte de actitud porfiada, que te hace empantanar cuando el auto circula por una zona anegada. En lugar de poner primera y con suavidad sacar la rueda en problemas, los kirchneristas fuerzan la quinta sin escalas y entierran las cuatro.

Lo hizo el canciller, un torpe con mayúscula, que se hizo fotografiar revolviendo pertenencias ajenas mientras creaba otra desinteligencia innecesaria con Estados Unidos; lo hizo la presidente cuando se declaró “desilusionada” de la gestión del presidente Obama, sin reparar en que su opinión no era relevante ni oportuna. Lo hizo Néstor Kirchner al zamparle un “Minga con el Fondo” a un acreedor memorioso y poco domesticable al que los países pobres y mal administrados como el nuestro siempre recurren mal que les pese.

Esta manía de redoblar la apuesta llevó a una banda de furiosos K a reunirse alrededor de uno de los peores recuerdos de la era peronista y sostener desde la falacia que hay un episodio histórico en el desembarco de Héctor Cámpora cuando lo único que significó es violencia y descontrol encaramados en el estado.

El acto organizado por la agrupación política La Cámpora, que incluye la presencia de Cristina Kirchner y recuerda la llegada al poder de la fórmula peronista en 1973 es, en esencia, peronismo; es festejar la tragedia, perseverar en el error y en el horror, no hacerse cargo de la responsabilidad que le cabe sobre una porción de la historia argentina reciente, es porfiar inventando un “relato” distorsionado de los hechos a la medida de lo que les gustaría haber sido y es aprovecharse de la incultura que sembraron construyendo sobre ella la imagen de lo que no son a costa de la verdad. Y es además, una falta de respeto a los argentinos, gesto al que los peronistas nos tienen acostumbrados desde hace décadas y que venimos tolerándoles con una paciencia que raya en la inmoralidad.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con el comentario pero lo que más me preocupa e inquieta es la actitud de los que se dicen no-peronistas.

    Los no-peronistas terminan defendiendo lo mismo que los peronistas pero tratan de agregarle perfume francés.

    Por el lado liberal no hay nada y creo que falta realismo o sensatez. No podemos enfrentar la "`mística" peronista con reuniones de Hotel de "Libertad Querida".

    Tampoco veo en los no-peronistas un compromiso con los que luchan por una sociedad digna. Cualquier blog de banalidades tiene más seguidores que un blog antiperonista.
    O sea que los no-peronistas ni siquiera se toman el trabajo de mover el mouse.

    Antes que me olvide: ¡Felicitaciones por el programa!

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  2. Oooooobvio, Carlos! Los supuestos no-peronistas vienen sosteniendo y alimentando al peronismo desde adentro o desde afuera.
    Desde la UCeDé no volvió a haber un ámbito de liberalismo con militancia política, ni otro líder después de Alvaro Alsogaray.
    Gracias! El formato del programa es un intento de salir de la coyuntura, altamente insatisfactoria, y encontrarle la conexión con nuestra realidad. Abrazo!

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