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jueves, 29 de julio de 2010

Peronismo Demoliciones


“Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias". Con esas palabras Winston Churchill describió a su contemporáneo. Como él, todas las naciones demostraron unánime rechazo a la figura de Juan Domingo Perón, visto como el dictador que protegió criminales de guerra nazis y que ahogó las libertades individuales en su país.
Por eso el mundo recibió con alivio la noticia del fin de la dictadura peronista en 1955. La caída de ese régimen arbitrario fue interpretada como el triunfo de la libertad. Millones de argentinos, los que habían luchado de manera explícita contra los excesos peronistas y quienes los habían padecido en silencio, también celebraron que esa época oscura de nuestra historia llegara a su fin. Hoy el mundo sigue considerando a Juan Domingo Perón entre los peores gobernantes del Siglo XX; sin embargo, en la Argentina se pretende reinvindicar su figura mientras se reescribe la historia de aquellos años.

El tiempo demostró que las raíces del populismo habían quedado sembradas. Entre 1945 y 2010 el peronismo gobernó prácticamente la mitad del tiempo, treinta y dos años, mientras que el resto está equitativamente repartido entre gobiernos de facto y administraciones no peronistas. No hay argumento serio, entonces, que reduzca la responsabilidad del peronismo en el fracaso argentino del siglo XX.

Así como el Centenario nos encontró entusiasmados y creciendo con la mirada puesta en el futuro promisorio que nosotros mismos estábamos construyendo para las generaciones venideras, la celebración del Bicentenario fue la prueba vergonzosa de la caída argentina: una sociedad consumiendo pan y circo de la mano de un gobierno contracturado de tanto mirar para atrás.

El peronismo es la peor herencia de Juan Domingo Perón.

miércoles, 28 de julio de 2010

Kirchner y Chávez ¿Socialismo del Siglo XXI?

Un dictador de la peor calaña que intenta ser el continuador de la acción disociadora de Fidel Castro en la región; un aborigen al frente de una nación sin capacidades propias ni adquiridas para gobernar; un militante del partido obrero semi-analfabeto arrimando por ósmosis al complejo mundo de las decisiones estratégicas, un dictadorzuelo con aires de primer mundo y mañas del tercero y una pareja de activistas con sed de venganza y más sangre de piratas que de estadistas. La descripción le hace honor al panorama actual de la América hispana de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y el matrimonio Kirchner, un lote de gobernantes cuyos relojes atrasan varias décadas.

Un país rico en petróleo como Venezuela padece una profunda crisis energética que hasta dejó en ridículo al propio Chávez al cortarse la luz mientras transmitía una de sus interminables alocuciones televisivas. No le va a la saga la Argentina, un país agropecuario por excelencia, que después de ser apodado “el granero del mundo” por la extrema riqueza de su suelo está próximo a importar carne y trigo. En Bolivia casi como una constante regional, se alimenta el enfrentamiento interno como táctica de conducción política mientras se cercenan las libertades individuales y se acalla a los opositores y a la prensa libre. Todo esto ocurre en simultáneo con el cobijo y soporte que brinda Ecuador a la narco-guerrilla colombiana a vista y con la complacencia del vecindario.

En ese contexto el argentino Néstor Kirchner fue elegido presidente de UNASUR por unanimidad. Después de un mandato presidencial nadie puede aducir desconocimiento de sus modales poco protocolares, sus destratos y su desprecio por el diálogo por lo que encomendarle una tarea diplomática fue, en esencia, un contrasentido que padecerán en carne propia. El componente ideológico y su profunda simpatía hacia la dictadura chavista tampoco le resultará gratis a la región.

El Foro de San Pablo, fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en 1990, nuclea partidos y grupos de izquierda latinoamericanos. De acuerdo con sus fundadores, el Foro fue constituido para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda para debatir sobre el “escenario internacional después de la caída del Muro de contención antifascista y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. En la próxima semana Buenos Aires será sede y anfitriona del encuentro anual de sus miembros, quienes comparten bastante más que una añoranza inadmisible de aquel inhumano Muro de Berlín.

Estos cuatro jinetes latinoamericanos beben de pocos manantiales filosóficos de modo que no es difícil entenderlos. Todos proponen una política soberana y de integración regional “bolivariana”, también conocida como el “Socialismo del Siglo XXI”, puesta en marcha por Chávez en Venezuela y sustentada teóricamente por el alemán Heinz Dieterich, sociólogo de antigua solidaridad con la revolución cubana y actual asesor gubernamental del gobierno de Venezuela. La Aldea Global, obra que escribió junto a Noam Chomsky, es una crítica feroz del sistema capitalista. Recientemente Heinz Dieterich ha declarado que la revolución cubana está sufriendo una derrota histórica por la liberación de los presos contrarrevolucionarios enviados a España y la mediación de la Iglesia Católica, entendiendo esos gestos como una debilidad inadmisible del régimen.

Pero Dieterich no es la única fuente inspiradora en la región. Ernesto Laclau y su mujer, ambos piedra fundacional del posmarxismo son, con Hegel, la debilidad filosófica de Cristina Kirchner. Para Laclau es imposible una sociedad sin antagonismos. Seguramente no debe haber soñado este argentino algo “demodée” encontrar quien plasmara con tanto éxito su particular hipótesis.

Cabe en esta instancia el recuerdo de Thomas Jefferson cuando dijo “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos” y estaban frente a una situación significativamente menos comprometida que la que transita hoy esta parte del globo.

Así las cosas, alrededor del bicentenario de varios países de la región, Latinoamérica recorre una peligrosa senda que tiene mucho más de socialismo que de siglo XXI.

martes, 13 de julio de 2010

Por la Familia

Basta de mala fe. Nadie niega a los homosexuales ningún derecho. Pueden elegirse, convivir entre ellos y en contacto con la sociedad toda sin diferencia alguna de trato. Pero no pueden pretender, apelando al falso argumento de la discriminación, que la ley les otorgue una igualdad ficticia.

Dos personas del mismo sexo no forman una pareja idéntica a aquella que da origen a la familia y por eso es falaz que exijan que la legislación les otorgue lo que la naturaleza les niega. Es imposible igualar diferencias a través de las leyes.

No existe el "derecho a ser padres" sino el derecho del niño a la protección de sus padres o de la sociedad en caso de abandono. ¿Dónde se inspira, entonces, el derecho que los homosexuales reclaman? La adopción nace para paliar exclusivamente la necesidad del niño abandonado pero nunca para satisfacer el deseo de los mayores.

Por lo tanto, los homosexuales están bregando por la legalización de un reclamo particular que se impone por delante de los derechos del único damnificado: el niño en situación de abandono.

El milagro de la procreación lo otorga el orden natural, no el derecho positivo y los homosexuales declinan su derecho a utilizarlo. Ellos ejercen la libertad de elección: privilegian el amor entre pares a su capacidad reproductiva pero se niegan luego a aceptar las consecuencias de su libre decisión.

En una oportunidad, el gran pedagogo Jean Piaget estaba reunido con un maestro. Mientras conversaban ven acercarse, a través de una puerta de vidrio que estaba cerrada, a la hija de Piaget con las manos ocupadas. Cuando su interlocutor hace el ademán de incorporarse para ayudarla a abrir, Piaget se lo impide y le dice: "Déjela. Está aprendiendo que elegir es perder algo".

Todos hacemos a diario estas elecciones. Es hora de afrontar las consecuencias de nuestros actos sin trasladar culpas. Es hora de madurar y de vivir con honestidad intelectual; aunque cueste.

domingo, 4 de julio de 2010

Los Amigos que Argentina elige

“Por sus frutos los conoceréis” dice San Mateo y cuando se trata de políticos, siempre es más seguro considerar lo que hacen por sobre lo que dicen a la hora de evaluar conductas.

A pesar de que la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner se basó en la promesa de mejorar el posicionamiento del país en el contexto internacional, el rumbo de política exterior elegido por el matrimonio ubicó a la Argentina en un eje marginal y allí se mantuvo sin modificaciones en los períodos de ambos consortes. En primer lugar alentaron al extremo la manía regional de agruparse con los vecinos como si la cercanía geográfica determinara, de por sí, coincidencia de metas y sin admitir la raíz común de la plena coincidencia en los errores, fallidos y estancamientos compartidos. Luego, de entre esos cercanos eligieron preferidos y marcaron notables diferencias de trato e intimidad.
Desde entonces, una debilidad irracional por la dictadura cubana y por el locuaz Hugo Chávez ha sido el signo de la política exterior argentina de los últimos siete años lo que podría interpretarse como una inclinación inocultable por los regímenes autoritarios, generadores de pobreza y atraso. Esa primera definición dio marco para alineamientos sucesivos: sobria y escasa relación con Estados Unidos y Europa, aislamiento progresivo, imposibilidad genética para la resolución de diferendos y acercamiento al mundo árabe.

Que la Secretaria de Estado Hillary Clinton inicialmente no incluyera una escala en Buenos Aires dentro de su gira latinoamericana no es distinto de lo ocurrido con Angela Merkel en su oportunidad, Nicolás Sarkozy o los reyes de España cuando visitaron la región. Las respectivas agendas también excluyeron a la Argentina.

Casi como un efecto espejo, el presidente de la conflictiva Irán Mahmud Ahmadineyad y su aliado sirio Bachar Al Asad en sus recorridas por América Latina saltearon las democracias políticamente más consolidadas de Chile, Colombia, Perú, Uruguay y México para recalar exclusivamente en las capitales emblemáticas del eje chavista-iraní: Caracas, La Habana, San Pablo y Buenos Aires.

La reciente visita del líder sirio a la Argentina reafirma la ubicación política de la actual administración en materia internacional y echa por tierra las especulaciones que surgieron alrededor del reemplazo del canciller Jorge Taiana por Héctor Timerman apenas una semana antes de la mencionada presencia. Auspiciosos análisis pretendieron interpretar un giro a favor de occidente, alineación con Washington en la guerra contra el terrorismo internacional y discreto alejamiento de las dudosas compañías de Chávez y Lula Da Silva.

Nada de eso sucedió ni sucederá. Cuantiosos y turbios negocios mantienen más viva que nunca la alianza entre los Kirchner y Hugo Chávez, más aún por estos días en que la justica argentina investiga una compleja trama de transacciones entre ambos países que involucran millonarias irregularidades. Se trata de la pulseada política más seria que le ha tocado enfrentar al gobierno de Cristina Kirchner y que empezó apenas unas semanas después de su asunción cuando un personero del presidente venezolano fue detenido en la aduana argentina intentando ingresar con 800.000 dólares destinados a colaborar con su campaña proselitista, según manifestó el portador.

Mientras tanto, la oposición política en el Congreso Nacional, en una tarea independiente del trámite judicial, avanza con esfuerzo en el esclarecimiento de los hechos en medio de una maraña de silencios y presiones. Intercambio de petróleo, maquinarias, granos, influencias, dinero y favores amenazan con rozar las más altas investiduras.