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lunes, 15 de marzo de 2010

Los Actores


La excusa de los opositores para no hacer prácticamente nada en el interregno entre el 28 de junio y el 10 de diciembre fue estar maniatados por la realidad de un congreso ilegítimo pero legal cuya composición impedía enfrentar el autoritarismo K.

Podría haber sido una explicación atendible si del 11 en adelante hubiesen modificado algo. Los tres meses subsiguientes demuestran que tener la mayoría es un arma menos decisiva que tener una estrategia. El tiempo transcurrido ha demostrado que la oposición no comparte un plan de acción y, probablemente, ni siquiera lo tenga.

¿Por qué le costará tanto si para quienes lo miramos desde la tribuna este partido si bien es difícil en su concreción resulta elemental para el diagnóstico de lo que hay que hacer?

Frente a una administración estatista puede haber matices; estarán los que quieran mayor libertad económica, los gradualistas o los defensores del estado protector. Ante un presidente débil se discutirá la conveniencia de un mayor protagonismo del ejecutivo y hasta aparecerán las opciones que simpatizan con los regímenes parlamentarios. Habrá discusiones por más federalismo o más apertura internacional pero cuando una administración atenta contra la libertad es exigible una sola oposición que ponga al margen sus diferencias y tenga como única preocupación limitar el poder político de quien quiere malversarlo.

A menos que los opositores, porque hemos comprobado que mientras el oficialismo es uno quienes lo enfrentan son varios, no coincidan en que el bien jurídico a tutelar sea la libertad. Si es ese el punto de desencuentro, habría que empezar a preocuparse en preguntarles qué otro principio superior hay para defender.

Tal vez podamos deducirlo mirando con detalle el comportamiento de cada sector político. Hasta ahora, el radicalismo ha coqueteado con el gobierno y, sin querer o queriendo, lleva concretados más fallidos que logros. El peronismo “bueno” se divide en dos (la subdivisión de la subdivisión) un grupo vocifera frente a las cámaras y los micrófonos y el otro silba mirando al cielo, acodado en alguna columna del Congreso a la espera de circunstancias mejores. El PRO parece reducido a un bloque unipersonal que trae a la memoria el fracasado por inaplicable, concepto de la tercera posición, actitud muy poco PRO que a los sufridos argentinos nos luce más cerca del “no te metás” que de la dignidad legislativa. La izquierda será siempre la izquierda, con su utopía a cuestas y la crítica generalizada a unos y a otros.

Elisa Carrió es la única pieza no descartable del presente ajedrez político excesivamente berreta para los desafíos que implicará sobreponerse a la crisis hacia la que nos conduce el kirchnerismo sin pausa y con mucha prisa.

Carrió, con sus aciertos y sus errores, con su escasa humildad y su capacidad analítica, con sus agallas y su fiereza enfrenta sin especulaciones mucho más que al oficialismo; enfrenta también los intereses corporativos que germinan alrededor del poder: sindicalismo y empresariado que, como representantes ambos del poder económico, están hoy compartiendo la misma vereda y apostando a la continuidad del modelo prebendario que los alimenta a ambos.

A diferencia de los adversarios, entre quienes la lucha contra el autoritarismo K no ha conseguido encolumnarlos, presenciaremos el acercamiento entre sectores aparentemente dispares coincidiendo en un severo embate sobre Elisa Carrió, enemigo común de sus intereses y en esa contienda entre dos formas de organización social será hora de mirar por cuál se inclinan los ausentes, los amigables y los distraídos.

2 comentarios:

  1. Muy Muy bueno María, rescato un corto párrafo:..."la oposición no comprte un plan de acción y problemente no lo tenga" Porque no quieren que se caigan, no pueden agarrar la papa calinte, solo coinciden en declamar y parecer para la tribuna.Reedición de una buena película "Atrapado sin salida"

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  2. Verdad; los K quieren q los saquen para victimizarse y el resto no se anima a apretar el acelerador. Q manga de mediocres todos! Nadie está a la altura de sus responsabilidades, excepto Carrió.

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