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viernes, 31 de diciembre de 2010

Indecentes


Tras la muerte de Néstor Kirchner escribimos en este mismo espacio una nota titulada "Hipócritas" (http://maria-zaldivar.blogspot.com/2010/10/hipocritas.html) que recibió una importante adhesión del público. A dos meses de aquello y próximos a finalizar el año, se hace oportuno aludir a otra recurrencia nacional: la indecencia.

Indecentes todos y cada uno de los funcionarios de la presente administración con Cristina Fernández a la cabeza por permitirse todas las inconductas, por avalarlas, compartirlas o disculparlas lo que los hace cómplices y partícipes necesarios de la anomia que profundizaron en estos últimos siete años.

Indecente la oposición que prometió lo que no podía cumplir; que no hizo lo posible y lo imposible por frenar la barbarie K y terminó acompañando torpe y ruidosamente la gestión oficial; indecente toda vez que se mostró insignificante y superflua, que convalidó con acciones y omisiones cada patraña, cada delito y cada obcenidad servidas por el poder político.

Indecentes los representantes sindicales y empresarios que negocian cada palmo de sus privilegios en plena conciencia de arrancarlos ilegítimamente para satisfacer intereses espúreos, que corrompen funcionarios para obtenerlos o que se dejan corromper por ellos para seguir estando; indecentes por anteponer el corto plazo y la ventaja inmediata; indecentes cada vez que incumplen con la obligación sectorial que les cabe de defender las instituciones y las utilizan en provecho personal. Indecentes por no hacerse cargo de la enorme responsabilidad que tienen en la descomposición social que padece hoy la Argentina.

Indecentes los jefes militares que negociaron su propia impunidad a cambio de entregar a subalternos y arrojarlos a las fauces del enemigo ignorando la noción de autoridad en la que se formaron.

Indecente el periodismo lacayo y el colaboracionista que por pesos o por cargos distorsiona la verdad. Indecente por claudicar, por hincarse frente al poder, por no entender la dignidad de la resistencia al autoritarismo y suponer que es menos grave ser obsecuente que ser falso. Indecentes los que aceptan trabajar para medios del gobierno, decir o escribir lo que les mandan y aceptar dinero malversado de lo que se recauda para otros fines.

Indecentes los jueces que especulan con su estabilidad antes de firmar una sentencia, que toleran presiones políticas, que tienen contacto con funcionarios o con privados y abren la posibilidad de "interesantes" ofrecimientos. Indecentes cuando se resisten a renunciar si no pueden hacer frente a la arbitrariedad del poder.

Y también indecente una generosa porción de la sociedad argentina que calla y otorga; que se refugia en los shoppings para desconocer la realidad que la rodea; que con el cliché de "esto siempre fue así" acepta el robo, la coima y los incapaces al frente de cualquier cosa; indecente cada ciudadano que emplea personal "en negro" y evade impuestos bajo la excusa de que el gobierno es el primer defraudador; el que toma el atajo y se trepa a la corrupción crónica.

Muchos indecentes abriga esta sociedad empobrecida en su espíritu, casi tantos como hipócritas y mucho me temo que los indecentes descriptos hoy sean los mismos aquellos hipócritas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un médico acá, por favor



Décadas tuvieron que pasar para que alcanzara el país una homogeneidad como la que ostenta hoy. Desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón la Argentina no mostraba una situación tan pareja en la que nada está bien. Actualmente podemos decir que absolutamente todo está patas arriba y eso no es fácil de lograr; requiere de una sostenida acción de destrucción de algunos y de una contundente inacción de otros.

Sólo extranjeros o inconscientes pueden festejar algo por estos días en la Argentina. El país está en llamas y el futuro inmediato no puede lucir más oscuro. Sin embargo, ¿Por qué extraños logros brindan los que brindan? ¿Cuántos proyectos se pueden materializar en el presente contexto? ¿Qué días de gloria se vislumbran? ¿Cuáles son los éxitos posibles? ¿O es que hay quienes encuentran un motivo de alegría en el mero hecho cronológico de un año que termina?

El país atraviesa la peor crisis de su historia porque, a diferencia de otras, en esta oportunidad no existe una reserva moral ni cultural que apuntale a nuestra sociedad, despojada de valores y a la deriva. La educación hecha resultados vergonzosos al punto que hemos dado a luz una generación de mal instruidos y amorales. El principio de autoridad está desdibujado tras años de prédica disolvente; la figura del padre en la casa es tan insignificante como la del policía en la calle y la de la maestra en la escuela. De allí en más, todo fue posible, mientras la televisión alienta el consumo de baratijas de gusto escaso y sustancia nula; los sindicalistas de hecho manejan las empresas porque su poder no creció para beneficiar a sus representados sino para amenazar a los empleadores; las usurpaciones de viviendas son moneda corriente; el delito crece de manera exponencial pues la Argentina se ha convertido en tierra “amigable” para la proliferación de los delitos preferidos del crimen organizado: tráfico de drogas y lavado de dinero; la justicia está dividida en dos bandos: los timoratos y los adictos al régimen. Para finalizar un rapidísimo panorama de la realidad argentina, es interesante señalar que la política se convirtió en la vía de florecimiento económico de miles de marginales que alimentan este círculo perverso o al menos callan y otorgan por lo que es impensable suponer que a través de ella podrá alentarse el cambio de rumbo.

Si falta nafta para el auto, luz para la heladera y gas para la hornalla; si también falta seguridad para las personas, justicia para dirimir conflictos y libertad para transitar; si millones de argentinos pasan hambre hace décadas y los populismos sucesivos lo único que hacen por ellos es multiplicarlos; si nos hemos fumado en cuatro años la producción ganadera de una generación y nuestros alumnos son extremadamente poco calificados; si la policía deambula desarmada y siempre recibe la orden de proteger a "los malos"; si la delincuencia no conoce techo ni límite y respetar la propiedad privada se volvió “de cumplimiento imposible”; y si además de todo eso ahora conducen nuestros destinos quienes en los ´70 se armaron contra los habitantes y las instituciones del país y son los únicos que tienen un proyecto, me pregunto: ¿no habría que investigar la salud mental de los argentinos que aún así festejan?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El Sainete


La curiosidad del Departamento de Estado sobre la forma en que Cristina Kirchner resuelve las situaciones de estrés ha sido respondida por la misma mandataria en estos días. No trascendió hasta ahora qué contestaron los funcionarios a aquel requerimiento pero sin duda merecía un “Maravillosamente” a tenor de su gesto impertérrito luego de la revelación de las buenas y secretas migas que mantiene con Hillary para domar al vecino díscolo, Evo.

Pero hay que reconocer que no son pocos los funcionarios que andan con el corazón en la mano porque, a pesar de los alaridos de horror que debimos soportar de cierto periodismo local y extranjero y de ciertos líderes –unos y otros, todos “progres”-, lo más escandaloso del incidente no son las preguntas que con toda lógica se hace la primera potencia mundial sobre los personajes con los que debe arriar, sino las respuestas recibidas.

Bien dice la sabiduría popular que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. En cuanto a qué relación guarda uno con sus insultos no está definido pero nadie quiere ni imaginarlo. Uno de los cables que nos involucra informa de la dificultad que enfrentó la embajada norteamericana en muchos casos para hacer callar a los opinadores de turno. Trascendió que no alcanzaba con las maneras diplomáticas para conseguir que los interlocutores se guardaran algún detalle aunque más no fuera, para sus sesiones particulares de terapia.

Lo cierto es que esto, además, ha desatado la furia de nuestros dirigentes y la decisión unánime de impedir la impunidad del oficialismo con un rigor nunca visto. “¡Basta de atropellos! Hasta acá llegaron” se escuchó decir en una reunión en la que Franta de Narváez daba directivas políticas a Pepe Scioli mientras sonreía a las cámaras que tiene instaladas por docenas en su bunker de campaña. Sin ir más lejos, no bien se enteró el colorado de que Aníbal le andaba pispeando su correo electrónico ardió Troya. Sin filtro y totalmente sacado, el apuesto millonario le espetó al jefe de gabinete, por televisión claro, que dejara de hacerlo. Y fue más allá porque le puso fecha a semejante amenaza: “ya” dicen los presentes que bramó, púrpura de ira. Una vez que los periodistas tomaron la última imagen del irritado legislador salieron a buscar la respuesta de Fernández. Su ausencia de los lugares que suele frecuentar provocó una ola de trascendidos que coincidían con un incontrolable ataque de pánico que le habría producido el ultimátum del diputado.

Otro que está sacado es el canciller Twitterman. Tan loco lo puso la filtración de Wikileaks que le han tenido que esconder el celular para que no blasfeme a través de las redes sociales. El, que venía sopapeando a diestra y siniestra (sobre todo esto último) tuvo que llamarse a silencio primero porque su jefa así lo ha dispuesto y luego porque el paradero de su teléfono lo tiene tan preocupado como la recepción que vayan a recibir de Morales cuando se encuentren cara a cara en La Feliz en los próximos días.

“¿Yo señor?” balbuceaba Jorge Taiana mientras relativizaba la parte que le tocó de la fuga. “¿A quién salvo a los yanquis de mala madre puede importarle qué hice yo hace más de treinta años?” se preguntaba furioso.

Un sombrío personaje que nadie reconoció resultó ser el otrora sonriente Sergio Massa. Desencajado repetía ante quien quisiera escucharlo que los motes de “psicópata” y “perverso” habían sido sacados de contexto.

La fila más larga es la de los indignados. Escenas de pugilato se vivieron para decidir quién la encabezaba. El ex canciller apuró el paso pero Alberto Fernández lo chistó y con un “¡a la cola que yo llegué antes!” lo hizo desistir. Con la excusa de su estatura lo iban relegando a medida que la fila se poblaba. Mauricio desde su luna de miel pidió que no lo dejasen afuera y avisó que no quiere formar último, dijo que si le hacen una porquería se la van a ver con su papá y hasta amenazó con cantar si no le guardan un lugar. Sería una injusticia porque su nutrido equipo de expertos en relaciones internacionales está trabajando duro con los especialistas en imagen desde que se supo que la embajadora americana lo tiene por un maleducado.

Pero fue Aníbal quien, a punta de bigote, logró la “pole position”. Aseguró que no piensa darle entidad a esa sarta de estupideces, que las épocas de procesado quedaron atrás, que el capítulo como intendente de Quilmes ya fue y que no está dispuesto a tolerar tanta buena memoria de nadie. “Estamos en la Argentina, una sociedad sana en la que nunca pasa nada porque cualquier zafarrancho prescribe tarde o temprano. Falta que sigan preguntando por los fondos de Santa Cruz” gritaba enajenado. “Evidentemente los patitos de Carrió no son los únicos mareados” acotó mientras se alejaba entonando “¡país generoso! ¡país generoso!” camino a su taller de bonsái.

Hay frases célebres que ayudan a entender. Churchill dijo que “La indignación es la estrategia que reviste de dignidad al idiota” y queda superlativa a continuación del memorable “al que le quepa el sayo, que se lo ponga” del gobernador Angeloz.

Mientras el sainete se desarrolla y pocos son los que salvan sus pilchas del ridículo, el Frente para la Victoria instalaba por cuarta vez consecutiva a Eduardo Fellner al frente de la Cámara Baja como para garantizar la “continuidad del modelo” y Cristina Kirchner anunciaba por cadena nacional el volanteo de más y más dinero al ritmo de la discrecionalidad peronista. Dicen los que estaban cerca de la presidente que la escucharon atender un llamado de Barak directo a su teléfono celular pero hasta que no lo publique Wikileaks no vamos a poder confirmarlo.

Wikileaks

Los 250.000 cables reservados que funcionarios americanos elaboraron alrededor del mundo y que una aparente fuga de información ha puesto a disposición de la tía Porota es el mayor papelón político de la historia de Estados Unidos y lo protagonizó, por qué no recordarlo, un demócrata.

El paralelo que trazó tempranamente Cristina Kirchner entre Barack Obama y la demagogia peronista hoy suena poco menos que premonitorio. A casi dos años de administración, el presidente americano se ha esmerado en darle la razón: su impulso a leyes decididamente populistas en clara negación del espíritu de los “founding fathers” que hizo de Estados Unidos esa tierra de oportunidades a la que llegan hombres de todo el planeta en busca de un futuro mejor sumado a la improvisación en áreas sensibles de su gobierno lo emparentan con una gimnasia que también es la columna vertebral del peronismo.

Lejos de sorprender la reacción mundial ante un episodio más colorido que dramático, vuelve a mostrar quién es quién: el periodismo internacional se mostró implacable y escandalizado en una clásica actitud sobreactuada frente a cualquier desliz que provenga de América del Norte mientras se regodea ventilando detalles que, si son incómodos y comprometedores, mejor; no se trata más que de un ademán previsible por parte de un segmento históricamente tolerante con ciertos regímenes y particularmente crítico con Estados Unidos; pero que ese rencor mundial más o menos encubierto hacia lo que representa esa nación se haya desplegado con más virulencia desde los estados más afines ideológicamente con el “peronista Obama” hizo posible el absurdo de que el soporte y la defensa le viniera de los gobiernos de derecha.

La moraleja es casi una obviedad y deja al descubierto una vez más la naturaleza de la izquierda que, más allá de las circunstanciales simpatías que pueda abrigar hacia alguna conducción más socialista en Estados Unidos, lo que genéticamente rechaza son los valores fundantes de aquel estilo de vida cuyo garante y fortaleza es el amor a la libertad.

Ese compromiso, que siente en lo personal cada americano, es el que los mantiene a la cabeza del mundo porque en la libertad se encuentran todos y desde ese acuerdo superador seguirán liderando a pesar de los peronistas con los que deban lidiar, locales y visitantes.

Nada del sistema americano está en tela de juicio, tan sólo la pericia de un puñado de funcionarios que, tratándose de aquella sociedad, muy probablemente paguen con sus futuros políticos el costo del incidente.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Aguante la Banelco


El reciente escándalo protagonizado por los diputados nacionales en ocasión del tratamiento del proyecto del presupuesto nacional y las denuncias sobre espesas irregularidades que germinaron alrededor es una foto vieja y es muy probable que termine en el mismo cajón que la anterior.

Que las efectividades conducentes, generalmente dinerarias, alienten el voto de nuestros honorables legisladores en uno u otro sentido no sorprende ni quita el sueño a ningún argentino.
Después de Juan Domingo Perón, acusado entre otros delitos de enriquecerse ilícitamente en el ejercicio de la función pública, la costumbre tuvo una inusitada aceptación y dejó de ser una excepción para pasar a ser la regla: es infinitamente más breve la lista de los funcionarios que no se van a sus casas inmensamente ricos.

La inmoralidad, que es como el agua, no inunda por sectores estancos y cuando el ser humano se hinca frente al dinero porque encuentra menos bochornoso ser deshonesto que ser pobre, las estafas se suceden en todos los planos.

Por ese camino que inauguró el peronismo como modus vivendi para la clase política argentina arribamos, incrédulos los espectadores, a mudanzas políticas insólitas, alianzas inimaginables, acuerdos y desacuerdos exóticos, traiciones varias y conductas aparentemente incomprensibles que únicamente una chequera de común denominador explica.

Sólo así fue posible el Pacto de Olivos, que reunió a adversarios acérrimos al amparo de una vergonzosa negociación de mezquinas ventajas. Carlos Menem y Raúl Alfonsín como referentes de sus respectivos partidos acordaron una reforma constitucional para otorgarse sendos beneficios partidarios. Modificar la mejor constitución de América en aras de sus propios espacios, en una sociedad sana, hubiese supuesto el cargo de traición a la patria para ambos. En la nuestra, sin embargo, significó una banca de senador para uno y una despedida de héroe nacional para el otro, tan multitudinaria como inmerecida.

Con Alfonsín enterramos los pormenores del otro acuerdo descarado que protagonizó en la década siguiente con otro peronista: Eduardo Duhalde y que implicó la abrupta interrupción del mandato de Fernando De la Rúa. Por eso que el hijo de Raúl Alfonsín, quien tiene a su favor tan sólo un mero parecido físico con su padre y nada más, sea depositario de tanta expectativa política marca un rumbo nacional de fracaso inexorable.

Así llegamos, sin sobresaltos, a admitir que los votos de nuestros representantes se compran y se venden. Por influencia de iletrados y tramposos está permitido creer que esos son males menores del sistema democrático y no su enfermedad terminal.

Cuando los vientos del hartazgo general empezaron a soplar Mauricio Macri pareció interpretarlos y, con el discurso y la receta de la “nueva política” capitalizó el segmento menos ideologizado y más hastiado del espectro. Con esas banderas pidió el voto para un numeroso grupo de desconocidos que bajo su tutela llegaron a funciones ejecutivas, legislativas y judiciales, unos auténticos “snob” en términos políticos. El electorado les creyó cuando dijeron que venían de otro lado a hacer otra cosa y en ellos depositó la confianza que les habían perdido a los otros por innegables y numerosos motivos.

Por eso ahora es aún más indignante que el macrismo, muy probablemente con Macri a la cabeza, haya negociado en el Congreso Nacional con lo peor del peronismo, como corolario a una larga lista de concesiones que le viene haciendo.

En el rejunte de ignotos que el PRO ha sentado en las bancas hay representantes del ala más izquierdista del alfonsinismo, peronistas de variado pelajes pero peronistas al fin, socialdemócratas, ex partidarios de Manrique y algún conservador sobreviviente de la extinción; en suma, un puñado de francotiradores que votan enfrentados y dispersos la mayoría de las veces porque no comparten ni ideología ni conducción partidaria. Un amorfo que dista mucho de la promesa de renovación de formas y de fondo que habían ofrecido.

La reciente colaboración con el kirchnerismo no sólo es una estafa a quienes lo siguieron de buena fe. A la deslealtad que practican se suma una ostentación de torpeza con la que vienen perdiendo espacio y adeptos.

Tal vez, lo dudo, el gobierno retribuya al PRO éste último favor y los anteriores liberando al Jefe de Gobierno del brete judicial en el que se encaminó del brazo de su debilidad por los amigos y los aficionados. Ojalá. Al menos así, la última movida antes de su defunción política final, no habrá sido en vano.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La Foto


Si mi abuelo resucitara no lo podría creer. El, que siempre blasfemó contra el peronismo, vería que es por completo imposible sustraerse al elogio ante un país absolutamente transformado en el que todo ha mutado en tan poco tiempo a partir de la implementación de las políticas correctas; de aquella sociedad empobrecida de hace menos de una década sólo quedan girones en extinción mientras resplandecen los destellos de una auténtica potencia bolivariana que asoma ante los ojos incrédulos de los detractores del “modelo”. No son más que capitales concentrados y fuerzas malignas que apuestan permanentemente a que la ecuación “aumento del gasto público + redistribución de la riqueza ajena” fracase. Los enemigos del pueblo, que los hay siempre, insisten con la antigua receta del trabajo como inicio del círculo virtuoso de la reactivación social. Son individualistas, necios y envidiosos que se resisten a admitir las bondades de la receta populista básica e histórica del peronismo, que siembra empleados del estado y cosecha sonrisas y seguidores fieles.

Hoy el aeropuerto revienta de pasajeros repletos de valijas cargadas de ropa nueva comprada de a montones en los shoppings que se siguen construyendo aún en el post-menemismo. Porque el pueblo primero avanzó sobre los supermercados, compró y comió vituallas hasta intoxicarse y cuando vació las góndolas migró a un consumo algo más sofisticado: los electrodomésticos. Ahí cargó plasmas, freezers, celulares y laptops hasta agotar las reservas de mercadería de los depósitos. Stockeó pilchas con una sola condición: que tuvieran la marca visible como para que el prójimo supiera. En estos tiempos, la emoción de estrenar algo es directamente proporcional a la cantidad de público que nos mira.

Los resentidos agrandan ciertos detalles menores para empañar tamaño progreso global y han tomado la inseguridad como un caballito de batalla. ¡Obvio que se incrementó el delito! Si sobra la plata! Antes los chorros eran muchísimos menos porque no había nada para robar, qué vivos! En cambio ahora los índices de crecimiento de la actividad económica sumados a la reducción del desempleo hacen de la ciudad un gran cajero automático desbordante de efectivo. Ya lo explicó muy bien por radio Víctor Hugo Morales con la simpleza propia de las grandes verdades: “en todas las grandes capitales pasan cosas” no se cansa de repetir el ilustre comunicador. Y esta es una gran capital aunque a los destituyentes la rabia les vuele las orejas.

Otros critican los cortes de calles por los embotellamientos terribles que se generan. Simple. Preguntale a Rattazzi cuándo vendió tantos autos como ahora y vas a entender el despelote de tráfico. Que unos ciudadanos se manifiesten en libertad y democracia cortando una avenida sólo provoca caos de tránsito cuando los vehículos son muchos; entonces no culpemos al mensajero por el mensaje; acá no hay que reprimir la protesta legítima ni enojarse con ella sino celebrar el crecimiento exponencial de nuestro parque automotor. El boom de la industria pesada que motorizaron los Kirchner no registra antecedentes. ¿La opción de los derrotistas es que nadie tenga movilidad propia salvo los ricos? Ahí no van a encontrar nunca a un peronista; ellos están por la sociedad igualitaria y lo están consiguiendo con un éxito arrollador; en la Argentina existe cada vez menos diferencias En la Argentina K todo el mundo hace colas; es cierto, pero sólo para recibir un cero kilómetro, para tomar un avión camino a unas merecidas vacaciones; se hace cola para comprar en cuotas y para renovar pasaportes porque cada día más gente viaja al exterior; para entrar a recitales de artistas extranjeros que nos están visitando como en los mejores años de la década infame II y pronto se harán colas para gastar los billetes de 100 Made in Brasil. No es exagerado decir que los argentinos hemos empezado a hacer cola camino a la felicidad.

Evolución, Sancho, y si les disgusta y ladran es porque son perros como les zampó muy bien Cristina una vez. Este último peronismo nos ha puesto en el epicentro del planeta. La presidente se comunica con sus seguidores vía Twitter y el canciller nos tiene al tanto de la política internacional en 140 caracteres. Un maestro Mister Twitterman. Algunos tarados inventan cuentas apócrifas y embarran la cancha en un vano intento de afectar sus imágenes, cosa imposible de lograr por otra parte. Desde una de esas cuentas se anunció que la Argentina no iba a declarar la guerra al Reino Unido pero que evaluaba las represalias contra Bolivia por la reciente intromisión en el territorio y hasta empezó a circular esa misma madrugada un borrador de ultimátum a Evo, solicitando a los twitteros que estuvieran despiertos que aportaran ideas. Luego resultó una chanza de mal gusto. Estúpidos que ni se enteraron que Obama ganó las elecciones así, vía Twitter. Un comentario lleno de sorna, seguro que viene de Clarín, salió a decir que tuvieran cuidado con aquella victoria y los efectos de las redes sociales porque así también los demócratas habían perdido dos años después por paliza la renovación de mitad de término. Amargados.

Otros criticaron la toma de colegios y facultades con la liviandad típica del que no tiene la responsabilidad de la gestión de gobierno. Parecen no advertir que esa juventud maravillosa reclama instalaciones decentes porque ahora las conoce, porque se acabaron y para siempre las villas de emergencia en la Argentina; y el hacinamiento. La profusión de ventajosos créditos que otorga un sistema financiero sólido como el nuestro más el abandono del corto plazo como forma de vida hizo posible el acceso masivo a la vivienda propia. Ahora nosotros también proyectamos a futuro como las sociedades promisorias. La crisis habitacional es una pesadilla que quedó definitivamente en el pasado.

Y dan clases en la vereda porque cada día son más los jóvenes escolarizados. Cuando los Kirchner no estaban los alumnos desertaban; unos tenían que trabajar para ayudar económicamente a sus familias y otros se dedicaban a la vagancia. Hoy esa situación ha sido superada. Los chicos y jóvenes estudian y esa fue la vía para sacarlos del delito y las adicciones. En esta Argentina ya no hay drogadictos porque carecen de motivos para evadirse de la realidad. El presente entusiasma y el futuro, seduce. Así de simple.

Un capítulo aparte merecen los abuelos, históricamente maltratados por las sucesivas administraciones hasta que llegó Cristina Kirchner que tomó el toro por las astas, se quedó con los ahorros de la gente y desde entonces personalmente se ocupa de que a ningún jubilado le falte nada. Es difícil afirmarlo porque son muchos los sectores que están bien pero tal vez sean los viejitos la porción poblacional más favorecida de todas. Es probable que la cuota de cálida ternura de la presidente se demuestre en su preocupación casi obsesiva por los mayores. Ellos, las viudas de los policías y las madres de los chicos muertos en episodios delictivos desgarran el corazón sensible de nuestra presidente. Se nota claramente porque, aunque la señora se esfuerce por controlar sus emociones, es imposible ocultar un alma buena.

Ni qué decir de lo hecho en el ámbito internacional. Estrechamos vínculos con nuestros hermanos latinoamericanos al punto que los militares bolivianos pasan a suelo argentino sin pedir permiso. Los venezolanos nos prestan plata, Evo y Correa nos bancan en todas y hasta nos quedamos con delincuentes de otros países en reciprocidad a tantos gestos de hermandad recibidos.

Salvo algunos hechos desgraciados, menores por otra parte y cada día más aislados, en suma, la gente es feliz; viaja, compra, sale; proyecta; estudia; cuida su salud y disfruta de los permisos que también fue adquiriendo durante los años K en absoluta libertad. Porque el kirchnerismo nos encamina hacia un paraíso de igualdad y libertad. Nada de antipáticas diferencias entre hermanos. Ahora todos pagamos por el futbol que antes pagaban sólo los que lo consumían, pero el estado nos compensa el golpe al bolsillo con la libertad de verlo o no. Nosotros elegimos si vemos el partido y por qué canal porque estamos en un país igualitario y libre.

Por suerte y ante tamaña derrota de sus banderas ideológicas, cada día quedan menos exponentes del capitalismo salvaje. ¿Quién puede en este edén igualitario sugerir que la receta no es un éxito? Hoy en la Argentina cobra jubilación el que aportó y el que no; hacen política los que tienen la idoneidad que requiere la Constitución Nacional y los que no; todos nos quedamos sin nuestros ahorros jubilatorios, sin excepción y ahora todos tenemos el mismo administrador; finalmente, desde no hace mucho y por ley nacional, nadie puede considerar una desviación del carácter que a un hombre le guste otro hombre o a una mujer otra mujer porque tenemos un instituto que prohíbe la discriminación y a un afamado actor a su cargo para caerle con todo el peso de la ley a quien ose expresar que no es un orgullo ser homosexual.

Paradójicamente, esta metamorfosis nacional enfrenta a la actual administración con un serio problema: si Cristina Kirchner aspira a la reelección, le van a faltar promesas de campaña para hacer porque hay que reconocerlo: el kirchnerismo ya lo ha hecho prácticamente todo. El país es tan otro que, por momentos, cuesta reconocerlo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El Rumbo


Hay dos circunstancias que son el marco propicio para los cambios: una gran alegría o una gran tristeza por tratarse de circunstancias excepcionales que nos sacan de la rutina y exponen la propia sensibilidad a la reflexión y a la revisión; son momentos escasos, aislados y extremos. Dicho de otro modo, si una enorme alegría o una pena profunda no logra un cambio ¿qué otro disparador podría tener más fuerza?

Para un político debe haber pocos estados de felicidad más rotundos que el de alcanzar el cargo de presidente de la nación; establece una relación intensa con el pasado y con el futuro y les agrega sentido a ambos en tanto es el corolario a una vida dedicada a la acción pública y la llave para materializar los proyectos que fueron el combustible de la militancia.

En el otro extremo, la muerte de un ser querido devasta, nos enfrenta a lo irreparable y ubica, de un cachetazo, al ser humano en el plano de su verdadera finitud porque en el fragor de sus batallas cotidianas suele perder la perspectiva existencial hasta que la vida, implacable, impone el valor de lo importante.

Para los creyentes es menos arduo aceptar la desaparición física de los afectos porque creen en la redención del alma y la vida eterna. Una capilla ardiente sin cruz, sin una flor y una vela no es la capilla ardiente de un creyente. El ascetismo que vimos en la Casa de Gobierno en oportunidad de la muerte de Néstor Kirchner, con un ataúd cerrado que puso una inexplicable distancia final con sus simpatizantes, fue absoluto y habla de los tiempos que vendrán.

No hace falta preguntarse más cómo serán los días por venir. No importan las declaraciones, todas inoportunas, de los empleados del régimen. Los improperios del peor canciller que ha tenido el país no cuentan ni para la crónica del lunfardo; el imprudente y casi irrespetuoso lanzamiento de la reelección de Cristina Kirchner que hicieron varios funcionarios sólo agrega vergüenza ajena al peor gabinete de la historia argentina. La confesión del Ministro de Trabajo sobre el “sostén” que representa el camionero Moyano para la presente administración releva de aportar pruebas a que estamos frente a una construcción política endeble que requiere de sustento externo. Cuando en los actos oficiales el protagonismo de la farándula supera el de la Corte Suprema de Justicia es el juicio recto del poder central el que falla, y gravemente. Y el rechazo a recibir un gesto tan elemental como son las condolencias no es precisamente un rasgo de nobleza del espíritu y sólo se explica confundiendo prójimo con enemigo.

Por ser ella una figura pública hemos sido espectadores de muchos pasajes de la vida de Cristina Fernández. La vimos cuando ganó las elecciones presidenciales y también cuando perdió a su compañero de ruta. En aquella alegría tomó la posta que le entregara Néstor Kirchner y adoptó colaboradores y políticas sin variantes.

Por estos días, en el otro extremo y transitando, según nos confió, la mayor pena de su vida, no ha transmitido intención alguna de cambiar algo. Por el contrario, la referencia a la presencia de su marido entre la gente, al margen de sonar extraña para quienes parecen no creer en la vida después de la muerte, es un claro mensaje del rumbo que llevará el gobierno en adelante.

jueves, 28 de octubre de 2010

HIPÓCRITAS

No es grata la hipocresía en ninguna circunstancia; sin embargo abunda y por eso ya quedó inaugurada la lista de los hipócritas que han ido apareciendo tras la noticia de la muerte de Néstor Kirchner.

Hipócritas las expresiones de gran parte de la dirigencia argentina que intenta sonar acongojada

Hipócritas los que exaltan la personalidad de Kirchner denominando “pasión” al modo con que maltrataba a los opositores y tergiversaba la verdad

Hipócrita Hugo Moyano cuando invita “a los trabajadores que puedan venir” a la movilización “espontánea” a Plaza de Mayo

Hipócritas los que hoy prefieren omitir de las crónicas necrológicas los 600 millones de dólares que nunca devolvió a la provincia de Santa Cruz y su desmedido enriquecimiento personal; la persecución a los militares; el manejo espurio del poder con el que presionaba a jueces, legisladores y empresarios; la arbitrariedad de dividir el mundo entre súbditos y enemigos; la descalificación permanente del adversario; la falta de límites; el doble discurso y la distorsión de los hechos

Hipócritas los que cambian su discurso frente a la muerte

Hipócritas los peronistas que declaman la inmortalidad del líder recientemente desaparecido y están hoy mismo elucubrando escenarios porque, en verdad, ya lo enterraron y el tiempo de negociar salida con impunidad está corriendo desde ayer a la mañana

Hipócritas los que aluden temerosos a los fantasmas que amenazan el poder de la presidente cuando son los integrantes del partido gobernante los únicos que pueden ponerlo en riesgo y llenarlo de violencia como en el ´73 y como hace una semana.

Hipócritas los dirigentes de países vecinos con los que Kirchner cosechó conflictos innecesarios y que ahora le dedican elogiosos adjetivos a una gestión conciliadora que jamás ejerció
Hipócritas. Tendremos unas semanas más de hipocresía en grandes dosis porque es un tic nacional no decir las cosas como son y cuando se debe, defecto exacerbado hasta el delirio por la conducción K.

Porque ya no queda coraje en esta Argentina devastada en su dignidad nadie describirá la realidad de un oficialismo tan mezquino que se atrinchera en la Casa de Gobierno como si fuera “mía, mía, mía” para seguir digitando quién sí y quién no y de una oposición tan vulgar que tuvo que recibir de su máximo adversario la solución a su incompetencia para enfrentar una coyuntura compleja.

Cuando se calmen las ansiedades y las pantallas dejen de reproducir “clichés” habrá que seguir. Como eso de que “debemos estar todos unidos apoyando a la presidente” es una frase hueca que nadie sabe cómo se materializa cuando se está frente a un grupo monolíticamente endogámico es que como ciudadana rasa, le rogaría a la militancia peronista que, por una vez, se hiciese cargo, no mirara a la tribuna, no tirara la pelota afuera, intentara no cosechar tempestades aún después de la siembra de tanto viento innecesario y se esmerara en evitar más violencia de la que nos dejó instalada Néstor Kirchner. Es posible y depende sólo de ellos.

jueves, 14 de octubre de 2010

GRACIAS, Estados Unidos


Alguien tenía que decirlo. Porque tras confirmar que los treinta y tres mineros atrapados en la profundidad del subsuelo chileno estaban con vida, la necesidad de salvarlos se hizo aún más apremiante. El tiempo les corría en contra y si bien existía una esperanza fundada en la certeza, todo lo que había por delante era complejo e incierto.

Cuando se acaban los discursos y las buenas intenciones no aportan sino lugares comunes se necesita el avance tecnológico, el desarrollo, la ciencia y el capital puestos a construir. Y allí aparece Estados Unidos en escena luego de un tsunami o un terremoto; después de cualquier catástrofe, sin la bandera flameando ni el autobombo, sin especulaciones políticas ni cálculo de réditos.

La política es preparación y oportunidad. En esa mirada de la organización social radica la diferencia entre los países serios y los otros, en que unos previenen mientras que el resto arriesga el futuro desperdiciando el presente por vivir al día. Mientras nada pasa, zafan pero frente a la adversidad, sucumben y carecen de respuestas.

Las sociedades previsoras trabajan en tiempos de normalidad para cuando la excepción se presenta. Estados Unidos hace un culto de la preparación tanto, que le suele alcanzar para compensar la imprevisión de terceros. Los americanos se reparten entre ellos el peso que significa perseguir la superación; unos estudian y se perfeccionan, otros piensan y algunos más, enseñan aunque todos trabajan. Cada uno cumple con su parte del esfuerzo y cada uno se reconoce en la vigorosa trama de esa cadena virtuosa que conforman.

Estados Unidos aportó nada menos que la tecnología con la que fue posible rescatar a los mineros. Puso a disposición el conocimiento de expertos de la NASA y sofisticada maquinaria. Se puso a prueba lo hecho, el trabajo y la capacitación de años, una cuantiosa inversión de recursos y la continuidad de las políticas que, más allá de los circunstanciales cambios de administraciones, mantiene inalterable el objetivo que da como resultado una suma de aciertos.

No se escuchó todavía el agradecimiento chileno y es una lástima porque la ayuda recibida no desmerece el resto de la tarea y es de buena gente reconocer la colaboración de otras voluntades. El mundo es renuente a agradecer a los Estados Unidos sin embargo y más allá de este episodio, la ayuda humanitaria americana siempre se hace presente. Entonces ¿por que será tan difícil admitir el valioso espíritu que los anima?

Sin el concurso de sus recursos humanos y materiales la hazaña del rescate no hubiese sido posible. Es lamentable el silencio del presidente chileno pues en el sabor amargo de esa actitud mezquina tampoco consuela comprobar que la ingratitud no es patrimonio exclusivo de los argentinos.

domingo, 10 de octubre de 2010

UNASUR: ahí lo tienen


Un reciente debate que reunió en Madrid representantes de varios países latinoamericanos, tuvo como eje la dificultad que padece la región para conformar partidos de derecha. Varias fueron las explicaciones sugeridas y, muy probablemente, todas respondan a la particular mirada sobre el contexto local de cada uno de los participantes.

El repaso de las circunstancias políticas del mundo describe una sostenida pérdida de entidad de los nacionalismos con el consiguiente desdibujamiento de las fronteras a manos de un comercio internacional cada día más fluido y el boom de las comunicaciones inspirado en los enormes y constantes avances tecnológicos.

Sin embargo, Latinoamérica se resiste a abandonar el aislamiento provinciano; aún consume la receta de dividir el planeta entre amigos y enemigos y a la vez intenta mantener con vida banderas locales que cayeron en desuso hace décadas tras el innegable achicamiento del mundo a instancias de un proceso de globalización inexorable. Derrumbados el Muro y el eje comunista ruso, con el mito del incalculable poder chino puesto en el contexto de sus verdaderas limitaciones y reafirmado el liderazgo norteamericano, en el siglo XXI ya sin competencia, la América hispana sigue remando a contra pelo negando las ventajas sociales del liberalismo y exaltando falsos mitos sobre las bondades del colectivismo mientras la población empobrece sin pausa y se aleja de los estándares internacionales de capacitación y calidad de vida.

Hay países cuyas dirigencias son más recalcitrantes que otras en materia de socialismo -Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, por nombrar algunos- pero aún en los demás convive una más o menos explícita timidez a levantar la voz de manera decidida en favor de las políticas que hicieron ricas y desarrolladas otras sociedades.

¿Falta de convicción o de agallas? Probablemente un poco de ambas y con esa ambivalencia colaboran con el avance de los dictadores de la región.

América Latina viene rezagada hace más de una década por el peso de la influencia chavista que encontró en Néstor Kirchner el mejor de los aliados. Ambos países aplican recetas domésticas idénticas, el mismo autoritarismo, la misma arbitrariedad, igual desprecio por la ley y la propiedad enmarcadas en una corrupción galopante y un aislamiento consciente y beligerante hacia el resto del mundo.

En este contexto y sin disimulo, ambos dictadores, una vez profundizados sus métodos en el ámbito local fueron a la conquista de la región. Inexplicablemente, el resto de los mandatarios prestaron su consentimiento votando al ex presidente argentino el representante de todos en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)

Néstor Kirchner, quien llegó a la primera magistratura sin haber salido jamás de su país, siguió demostrando un completo desinterés por la diplomacia y el diálogo, herramienta sustancial del entendimiento entre personas y países. La reina de Holanda no es la única figura que ha padecido sus desplantes; se negó sistemáticamente a pagar las deudas contraídas por la Argentina y rechazó la extradición de un etarra solicitada por el gobierno español, entre algunas de sus maneras. En lo que hace estrictamente a sus vecinos, mantuvo abierto durante años con el Uruguay un conflicto innecesario que violaba, además de la ley, las más elementales formas de la convivencia internacional al tiempo que incumplió con los contratos firmados con Chile por la provisión de gas natural.

Con esos antecedentes, suena por lo menos increíble que los presidentes hayan facilitado el desembarco de Kirchner al frente de UNASUR en lugar de oponerse a una elección claramente desafortunada para los intereses del conjunto. Tal vez encuentren en esas conductas timoratas las respuestas que buscaban los intelectuales reunidos en Madrid. Tal vez esa tibieza de los dirigentes latinoamericanos explique la imposibilidad de una construcción partidaria sana donde la derecha sea una opción como en el resto del mundo. En el caso UNASUR no cabe la cita de Burke: “Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada”. Esta vez los buenos hicieron; pero a favor de los malos.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Quieren quedarse


Cada vez se hace más clara la intención de Néstor Kirchner de perpetuarse en el poder y más preocupante la escasez de dirigencia capaz de adelantarse a tamañas intenciones. En la oposición lo único que abunda es la pobreza de análisis, la humildad de propuestas y el apego a la improvisación. La falta de destreza y profundidad en el diagnóstico de lo que nos pasa para enfrentar los desafíos que se imponen a diario, está conduciendo a toda la sociedad a padecer una inerme intemperie.

Una escueta revisión de algunos de los excesos oficiales debería alertarlos. El gobierno se apoderó de los ahorros de los jubilados mientras dispone de las reservas nacionales como si le pertenecieran; está aliado con el sindicalismo en perjuicio de la propiedad privada; defiende y alienta los cortes de calles y rutas, la toma de colegios y la ocupación de fábricas. Altera las mediciones con las que se construyen los principales índices de la economía. Traba y complica el normal desenvolvimiento del Congreso para posponer los cambios y horadar la confianza pública en sus representantes. Violenta a los jueces que se atreven a fallar con independencia de las preferencias del poder político. Apaña las más variadas inconductas de sus funcionarios. Persigue, hostiga y calumnia periodistas y medios de comunicación con la obvia intención de apoderarse del control societario de las empresas informativas para acallar el disenso. Entre otras pequeñeces.

El kirchnerismo, como nadie desde el peronismo de Perón, está enfrentando a la sociedad. Un nivel de intolerancia inaudito se ha instalado entre los argentinos a partir de la prédica disolvente del matrimonio que todo lo resuelve con antinomias. Ambos por igual no hacen más que azuzar viejos rencores y promover acciones detestables entre sus colaboradores, los peores de los que se han podido rodear. Del peronismo terrorista de los ´70 no incorporaron los que se arrepintieron o los que, como ellos, nunca estuvieron en la línea de combate. No. Se llevaron a los más resentidos, tal vez por saberse lo suficientemente cobardes en su momento como para no exponerse y seguir con vida porque todos sabemos que los de verdad murieron en combate. Los guerrilleros de ayer que hoy pululan o colaboraron con las fuerzas armadas entregando a sus pares o nunca pelearon. Pues esos, disgustados consigo mismos hoy ocupan cargos de envergadura y aprovechan el poder del poder para vengarse como nenas de aquellos que ayer temían. Patético.

Entonces, que vayan ahora por la Iglesia de forma solapada primero, alentando la legalización de aborto, y frontalmente luego tal como lo hizo el tirano prófugo; que violenten la representación popular intentando neutralizar la labor de las cámaras legislativas con chicanas mezquinas o aún por métodos menos sutiles; que ignoren los fallos judiciales y atropellen la división de poderes y hasta que se apoderen, total no sería la primera vez que robaran, de los medios de comunicación díscolos que se resistan a confirmar que vivimos en Suiza no son meras posibilidades a contemplar entre varias sino prácticamente, la única que cuenta. Lo hizo el peronismo cuando, como pasa hoy, se hacía imposible seguir maquillando la realidad porque son indecentes y genéticamente mendaces. Convocan desde el himno partidario a “combatir el capital” pero en realidad el único capital que detestan es el ajeno. Al peronismo se lo obedece por las buenas o por las malas y todo indica que el tiempo de las vacas gordas ya pasó. Sólo queda esperar los peores días del régimen. Es una película que, no por vista, luce menos sombría.

Señores dirigentes, están advertidos.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Kirchner tensa la cuerda


Después de setenta años protagonizando la política argentina, pocos son los defectos que el peronismo puede disimular. En aras de su propia subsistencia ha ideado una curiosidad única en el mundo: la oposición interna, a partir de la cual un grupo de peronistas critica ácidamente lo que hace otro grupo de peronistas con tal virulencia que un desprevenido podría pensar que pertenecen a partidos políticos diferentes. No resulta casual que los criticados son siempre los peronistas gobernando pues durante la gestión, esto es con las manos en la masa, el ADN peronista alcanza su esplendor autoritario y discrecional. En ese original encuadre, ellos vienen a ser los peronistas “malos”; los otros, los peronistas “buenos” despotrican desde el banco, mientras se toman un respiro de la última gestión de la que participaron y esperan la siguiente. Y así se van alternando.

Si los Kirchner se venían pareciendo al peronismo más recalcitrante del que se tenga memoria, las últimas semanas lo han coronado con el manotazo oficial sobre dos empresas de servicios, ambas del ámbito de la información. Dejar a una compañía con más de un millón de usuarios sin la licencia para proveer servicios de internet con la burda excusa de estar incurriendo en alguna infracción administrativa menor y atropellar a una importante empresa proveedora de papel para diarios con falsas denuncias de ilegalidad accionaria después de casi cuarenta años de existencia, son torpes acciones que desnudan la clara intención de los gobiernos peronistas de acallar el disenso, monopolizar la distribución de noticias y digitar desde el poder el acceso de los habitantes a la información.

Para ello, el matrimonio Kirchner ha destapado la misma olla que mantuvo cerrada desde su acceso al poder. Usaron la bandera de los derechos humanos para perseguir militares y promover ex terroristas a puestos claves mientras repartían interesantes sumas en indemnizaciones y subsidios entre organizaciones y abogados dedicados al lucrativo negocio de la victimización y la industria del juicio al estado nacional.

A la proliferación de indigentes con la mano extendida esperando la dádiva oficial a cambio de aplausos en los actos presidenciales se suma ahora la aparición de ex terroristas contando una versión falaz de lo ocurrido.

Los ´70 fueron una época dramática de la Argentina que no habilita a quienes optaron por irse del país a sentirse más castigados que quienes nos quedamos padeciendo el clima de violencia salvaje que impuso a la sociedad el terrorismo transnacional. Rehenes de una locura importada del “paraíso” cubano, los desprevenidos habitantes nos vimos obligados a trabajar, estudiar y deambular entre bombas y secuestros, aprendiendo sobre la marcha cómo conservar la vida en medio de una guerra que no habíamos declarado y que no queríamos.

Si existe en el universo algo peor que la guerra probablemente sean sus secuelas. El hombre contra el hombre expuesto a los instintos que la civilización ha intentado moderar por siglos más el horror de la muerte son dramas suficientes. Sólo un monstruo puede buscar rédito en el dolor ajeno. La manipulación de aquellos episodios, tarde o temprano, va a obtener el debido rechazo de toda la sociedad y recién ese día los argentinos encontraremos la paz que nos robó el terrorismo primero y la política sin escrúpulos luego. No falta tanto.

domingo, 29 de agosto de 2010

El 25 % que los vota


Se hace difícil explicar la popularidad del kirchnerismo a siete años de su desembarco porque tiene una conducta celular, endogámica y desconfiada. Nadie como Néstor Kirchner ha dominado el tablero de la escena nacional con la colaboración de tan pocos peones y menos alfiles. Es autoritario, desleal, cínico, arbitrario maltratador y así todo consigue altísimos niveles de fidelidad y acatamiento. O tal vez por eso los obtiene. La sociología más que la ciencia política debería interesarse en semejante fenómeno.

La propuesta política que esgrime no difiere de cualquiera de los adefesios ofrecidos por los peronismos anteriores y sucesivos aunque sus modos están notablemente devaluados porque, hasta ahora, ellos habían reservado el destrato para los opositores pero Kirchner lo aplica aún a los propios.

Si no colectan por las formas ni por el fondo ¿Qué los hace tan populares que han ganado dos elecciones y ya se tema no lograr vencerlos en la próxima? Debe haber algo que ellos y sólo ellos están ofreciendo al electorado. La gente está viendo algo que los analistas pasamos por alto. Hay que descubrir qué ingrediente consigue la convergencia de sindicalistas y empresarios a su alrededor; de juventud, ex guerrilleros y nueva militancia, clases bajas y acomodadas, ocupados y piqueteros, instruidos y analfabetos.

Porque el reparto de miles de planes de vagancia no explica por sí sólo los millones de voluntades que constituyen el piso de votos kirchneristas. Cierto es que el ojo con el que eligen a sus beneficiados es de una precisión comparable a la pinza con la que extirpan las complicaciones pero aún así no alcanza. Soborno cantante y sonante para los que no quieren trabajar; privilegios para el empresariado adicto y sumiso; prebendas para los popes sindicales; viajes y otras vituayas para los legisladores complacientes; impunidad, negocios, nombramientos y cargos para los amigos; cobertura para los jueces comprensivos sazonada con una suerte de escozor es una buena fórmula de acatamiento pero sigue sin alcanzar. Veinticinco por ciento del electorado es mucho. Hay que identificar el otro componente, el que macera y funde los ingredientes pero-kirchneristas descriptos que siempre han dado tan buen resultado para quebrar las dignidades humanas y las miltancias políticas. El otro ingrediente que atraviesa a todos los grupos mencionados y a esa porción de la sociedad que, aún no incluida en la variedad beneficiados que el regimen volantea, simpatiza con él.

Desde esta columna habremos de proponer una hipotesis. Hay una pasión nacional, inmanejable como toda pasión, que nos hace los más antinorteamericanos de América Latina: el resentimiento. El resentimiento nos impide disfrutar del éxito de los demás y nos impulsa a festejar los problemas ajenos con más bríos que sus logros: nos alegran los contratiempos en los que está envuelta la gestión de Mauricio Macri, los conflictos que atraviesa el Grupo Clarín, la crisis del Acuerdo Cívico y Social, la bronca de los periodistas frente a la nueva ley de medios, el manotazo a las cajas de jubilaciones privadas o los papelones del canciller "Twiterman". El resentimiento. Los que festejan los reveses de los banqueros por ricos, la embestida a Clarín por poderosos, el enfrentamiento de Carrió con sus socios por complicada, el revés del periodismo por petulante, el despido de Redrado por rubio, la persecución a los militares por autoritarios o el despojo a las administradoras de los fondos de pensión por envidia, etcétera, etcétera han encontrado en el kirchnerismo un aliado. El les permite como nadie exponer sin prurito una variada paleta de sentimientos bajos tan humanos como deplorables, esos que la civilización intenta moderar con educación en pos de mejorar la calidad de vida del conjunto.

La exhaltación de la mezquindad hace juego con el estilo presidencial, potencia sus peores instintos, lo energiza y acompaña un proceso de deterioro social que cala, a veces sin vuelta.

viernes, 20 de agosto de 2010

Cuenten con nosotros


Los liberales tenemos eso; tanto es lo que creemos en que las instituciones y sólo las instituciones pueden poner freno a la voracidad del poder que no medimos costo-beneficio; las defendemos y listo porque sabemos que siempre es mal negocio permitir el atropello. Por eso y porque también sabemos que los valores de la república son de germinación lenta, que las raíces se hacen profundas sólo con el tiempo por lo que apostar a ganador aquí y ahora es una ilusión de éxito que inexorablemente termina explotando en la cara.

Y, además, sabemos otra cosa. Sabemos que no inventamos nada porque la historia se encarga de exponer elocuentes ejemplos de sociedades que se suicidaron con la receta del corto plazo y otras que quedaron rehenes de sus miopías, cuando sus dirigencias persistieron en negar la gravedad de sus problemas.

Hoy la Argentina, encallada hace décadas entre las piedras del peronismo, naufraga en las últimas mareas de libertad. El escenario es patético: el público consume pan y circo en indignas migajas arrojadas desde la corrupción oficial que lo mantiene con vida y sin más destino que la subsistencia; los empresarios, tejiendo vergonzosos negociados al sólo efecto de obviar el riesgo y asegurarse ganancias e impunidad; los políticos calculando a qué puesto van a pasar en la siguiente elección y qué privilegios implica. Los jueces marchan tras el sillón vitalicio a cualquier costo, por lo general cuerpeando lo que se espera de ellos de manera primordial: la independencia.

En medio de esa fauna unos cuantos lobos esteparios presenciamos, impotentes, el naufragio. Y hacemos lo de siempre: sostenemos.

Ahora que el poder arbitrario arrecia, sostenemos a los periodistas que, algo tarde y algo torcido, se quejan en voz alta del autoritarismo reinante. Sostenemos aún frente a un reclamo de dudosa legitimidad porque ese periodismo calló mientras la libertad conculcada no era la propia lo que indica que el lamento no es por el estado de derecho. Chillan porque no los dejan criticar al gobierno y cobrar pauta oficial simultáneamente. No importa; chillan y es bastante. Ahora reconocen el daño que representa el cercenamiento de la libertad y en esa lucha nos tendrán de su lado.

Como el Jefe de Gobierno; también sostenemos y habremos de levantar la voz ante la patraña de la que es objeto y diremos lo que haya que decir a pesar de considerar mediocre la gestión de Mauricio Macri pero en aras de la república es impensable otra postura más que la denuncia lisa y llana frente a las bochornosas dependencias de la justicia.

El Grupo Clarín, partícipe necesario de muchos de nuestros padecimientos, también puede contar con el compromiso de los liberales en la defensa de sus derechos y en el reclamo airado por el deber ser. Clarín, tan luego, que abusó de su posición dominante como socio en Papel Prensa de los sucesivos gobiernos de las últimas décadas en desmedro del periodismo independiente (este lobo estepario padecía la discriminación desde la redacción de “La Prensa”). Clarín, que distorsionó más de una vez los hechos vaya a saber con qué propósito y desinformó o mal informó, también cuenta hoy con nosotros. Aún Clarín nos tendrá a su lado, reclamando por la libertad.

Porque los liberales creemos que sólo a través de su plena vigencia conseguiremos que los periodistas que antes no veían las perversiones del régimen lleguen un día cualquiera a amar la libre determinación y ese día estarán con nosotros defendiendo el sistema. Creemos en eso y en que las fuerzas políticas timoratas de amarillo desleído van a madurar y un día cualquiera también van a sumarse a la cruzada por la libertad. Y porque creemos que hasta Clarín va a redimirse un día cualquiera es que hoy, todos ellos y los que se sientan convocados por la causa de la libertad, pueden contar con nosotros. No somos muchos pero la convicción es absoluta. Algo es algo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Diario de América




*Nota de Alberto Benegas Lynch (h)
para Diario de América (www.diariodeamerica.com)
Nueva York, agosto de 2010


Hoy afortunadamente aparece en escena María Zaldívar, una autora que revela una singular valentía, integridad moral y rigurosidad al escribir con una sesuda y muy bien documentada pluma que el emperador está desnudo. Explica con una notable claridad el significado del peronismmo.


Siempre las causas de la decadencia de un país son múltiples aunque todas tienen sus raíces en problemas educativos, esto es, en la incomprensión de los fundamentos de la sociedad abierta. Estos pilares constituyen los anticuerpos centrales para evitar que las sociedades se deslicen por el despeñadero. Tocqueville con mucha razón escribió que las naciones que han gozado de gran progreso moral y material tienden a dar eso por sentado, como si se tratara de procesos automáticos, pero ese abandono inexorablemente conduce a que otros -con otras ideas- ocupen los espacios para contrarrestar y demoler las bases de la libertad y la responsabilidad individual.

Lea la nota completa:
http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=6221

Sobre "Peronismo Demoliciones"

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jueves, 29 de julio de 2010

Peronismo Demoliciones


“Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias". Con esas palabras Winston Churchill describió a su contemporáneo. Como él, todas las naciones demostraron unánime rechazo a la figura de Juan Domingo Perón, visto como el dictador que protegió criminales de guerra nazis y que ahogó las libertades individuales en su país.
Por eso el mundo recibió con alivio la noticia del fin de la dictadura peronista en 1955. La caída de ese régimen arbitrario fue interpretada como el triunfo de la libertad. Millones de argentinos, los que habían luchado de manera explícita contra los excesos peronistas y quienes los habían padecido en silencio, también celebraron que esa época oscura de nuestra historia llegara a su fin. Hoy el mundo sigue considerando a Juan Domingo Perón entre los peores gobernantes del Siglo XX; sin embargo, en la Argentina se pretende reinvindicar su figura mientras se reescribe la historia de aquellos años.

El tiempo demostró que las raíces del populismo habían quedado sembradas. Entre 1945 y 2010 el peronismo gobernó prácticamente la mitad del tiempo, treinta y dos años, mientras que el resto está equitativamente repartido entre gobiernos de facto y administraciones no peronistas. No hay argumento serio, entonces, que reduzca la responsabilidad del peronismo en el fracaso argentino del siglo XX.

Así como el Centenario nos encontró entusiasmados y creciendo con la mirada puesta en el futuro promisorio que nosotros mismos estábamos construyendo para las generaciones venideras, la celebración del Bicentenario fue la prueba vergonzosa de la caída argentina: una sociedad consumiendo pan y circo de la mano de un gobierno contracturado de tanto mirar para atrás.

El peronismo es la peor herencia de Juan Domingo Perón.

miércoles, 28 de julio de 2010

Kirchner y Chávez ¿Socialismo del Siglo XXI?

Un dictador de la peor calaña que intenta ser el continuador de la acción disociadora de Fidel Castro en la región; un aborigen al frente de una nación sin capacidades propias ni adquiridas para gobernar; un militante del partido obrero semi-analfabeto arrimando por ósmosis al complejo mundo de las decisiones estratégicas, un dictadorzuelo con aires de primer mundo y mañas del tercero y una pareja de activistas con sed de venganza y más sangre de piratas que de estadistas. La descripción le hace honor al panorama actual de la América hispana de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y el matrimonio Kirchner, un lote de gobernantes cuyos relojes atrasan varias décadas.

Un país rico en petróleo como Venezuela padece una profunda crisis energética que hasta dejó en ridículo al propio Chávez al cortarse la luz mientras transmitía una de sus interminables alocuciones televisivas. No le va a la saga la Argentina, un país agropecuario por excelencia, que después de ser apodado “el granero del mundo” por la extrema riqueza de su suelo está próximo a importar carne y trigo. En Bolivia casi como una constante regional, se alimenta el enfrentamiento interno como táctica de conducción política mientras se cercenan las libertades individuales y se acalla a los opositores y a la prensa libre. Todo esto ocurre en simultáneo con el cobijo y soporte que brinda Ecuador a la narco-guerrilla colombiana a vista y con la complacencia del vecindario.

En ese contexto el argentino Néstor Kirchner fue elegido presidente de UNASUR por unanimidad. Después de un mandato presidencial nadie puede aducir desconocimiento de sus modales poco protocolares, sus destratos y su desprecio por el diálogo por lo que encomendarle una tarea diplomática fue, en esencia, un contrasentido que padecerán en carne propia. El componente ideológico y su profunda simpatía hacia la dictadura chavista tampoco le resultará gratis a la región.

El Foro de San Pablo, fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en 1990, nuclea partidos y grupos de izquierda latinoamericanos. De acuerdo con sus fundadores, el Foro fue constituido para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda para debatir sobre el “escenario internacional después de la caída del Muro de contención antifascista y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. En la próxima semana Buenos Aires será sede y anfitriona del encuentro anual de sus miembros, quienes comparten bastante más que una añoranza inadmisible de aquel inhumano Muro de Berlín.

Estos cuatro jinetes latinoamericanos beben de pocos manantiales filosóficos de modo que no es difícil entenderlos. Todos proponen una política soberana y de integración regional “bolivariana”, también conocida como el “Socialismo del Siglo XXI”, puesta en marcha por Chávez en Venezuela y sustentada teóricamente por el alemán Heinz Dieterich, sociólogo de antigua solidaridad con la revolución cubana y actual asesor gubernamental del gobierno de Venezuela. La Aldea Global, obra que escribió junto a Noam Chomsky, es una crítica feroz del sistema capitalista. Recientemente Heinz Dieterich ha declarado que la revolución cubana está sufriendo una derrota histórica por la liberación de los presos contrarrevolucionarios enviados a España y la mediación de la Iglesia Católica, entendiendo esos gestos como una debilidad inadmisible del régimen.

Pero Dieterich no es la única fuente inspiradora en la región. Ernesto Laclau y su mujer, ambos piedra fundacional del posmarxismo son, con Hegel, la debilidad filosófica de Cristina Kirchner. Para Laclau es imposible una sociedad sin antagonismos. Seguramente no debe haber soñado este argentino algo “demodée” encontrar quien plasmara con tanto éxito su particular hipótesis.

Cabe en esta instancia el recuerdo de Thomas Jefferson cuando dijo “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos” y estaban frente a una situación significativamente menos comprometida que la que transita hoy esta parte del globo.

Así las cosas, alrededor del bicentenario de varios países de la región, Latinoamérica recorre una peligrosa senda que tiene mucho más de socialismo que de siglo XXI.

martes, 13 de julio de 2010

Por la Familia

Basta de mala fe. Nadie niega a los homosexuales ningún derecho. Pueden elegirse, convivir entre ellos y en contacto con la sociedad toda sin diferencia alguna de trato. Pero no pueden pretender, apelando al falso argumento de la discriminación, que la ley les otorgue una igualdad ficticia.

Dos personas del mismo sexo no forman una pareja idéntica a aquella que da origen a la familia y por eso es falaz que exijan que la legislación les otorgue lo que la naturaleza les niega. Es imposible igualar diferencias a través de las leyes.

No existe el "derecho a ser padres" sino el derecho del niño a la protección de sus padres o de la sociedad en caso de abandono. ¿Dónde se inspira, entonces, el derecho que los homosexuales reclaman? La adopción nace para paliar exclusivamente la necesidad del niño abandonado pero nunca para satisfacer el deseo de los mayores.

Por lo tanto, los homosexuales están bregando por la legalización de un reclamo particular que se impone por delante de los derechos del único damnificado: el niño en situación de abandono.

El milagro de la procreación lo otorga el orden natural, no el derecho positivo y los homosexuales declinan su derecho a utilizarlo. Ellos ejercen la libertad de elección: privilegian el amor entre pares a su capacidad reproductiva pero se niegan luego a aceptar las consecuencias de su libre decisión.

En una oportunidad, el gran pedagogo Jean Piaget estaba reunido con un maestro. Mientras conversaban ven acercarse, a través de una puerta de vidrio que estaba cerrada, a la hija de Piaget con las manos ocupadas. Cuando su interlocutor hace el ademán de incorporarse para ayudarla a abrir, Piaget se lo impide y le dice: "Déjela. Está aprendiendo que elegir es perder algo".

Todos hacemos a diario estas elecciones. Es hora de afrontar las consecuencias de nuestros actos sin trasladar culpas. Es hora de madurar y de vivir con honestidad intelectual; aunque cueste.

domingo, 4 de julio de 2010

Los Amigos que Argentina elige

“Por sus frutos los conoceréis” dice San Mateo y cuando se trata de políticos, siempre es más seguro considerar lo que hacen por sobre lo que dicen a la hora de evaluar conductas.

A pesar de que la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner se basó en la promesa de mejorar el posicionamiento del país en el contexto internacional, el rumbo de política exterior elegido por el matrimonio ubicó a la Argentina en un eje marginal y allí se mantuvo sin modificaciones en los períodos de ambos consortes. En primer lugar alentaron al extremo la manía regional de agruparse con los vecinos como si la cercanía geográfica determinara, de por sí, coincidencia de metas y sin admitir la raíz común de la plena coincidencia en los errores, fallidos y estancamientos compartidos. Luego, de entre esos cercanos eligieron preferidos y marcaron notables diferencias de trato e intimidad.
Desde entonces, una debilidad irracional por la dictadura cubana y por el locuaz Hugo Chávez ha sido el signo de la política exterior argentina de los últimos siete años lo que podría interpretarse como una inclinación inocultable por los regímenes autoritarios, generadores de pobreza y atraso. Esa primera definición dio marco para alineamientos sucesivos: sobria y escasa relación con Estados Unidos y Europa, aislamiento progresivo, imposibilidad genética para la resolución de diferendos y acercamiento al mundo árabe.

Que la Secretaria de Estado Hillary Clinton inicialmente no incluyera una escala en Buenos Aires dentro de su gira latinoamericana no es distinto de lo ocurrido con Angela Merkel en su oportunidad, Nicolás Sarkozy o los reyes de España cuando visitaron la región. Las respectivas agendas también excluyeron a la Argentina.

Casi como un efecto espejo, el presidente de la conflictiva Irán Mahmud Ahmadineyad y su aliado sirio Bachar Al Asad en sus recorridas por América Latina saltearon las democracias políticamente más consolidadas de Chile, Colombia, Perú, Uruguay y México para recalar exclusivamente en las capitales emblemáticas del eje chavista-iraní: Caracas, La Habana, San Pablo y Buenos Aires.

La reciente visita del líder sirio a la Argentina reafirma la ubicación política de la actual administración en materia internacional y echa por tierra las especulaciones que surgieron alrededor del reemplazo del canciller Jorge Taiana por Héctor Timerman apenas una semana antes de la mencionada presencia. Auspiciosos análisis pretendieron interpretar un giro a favor de occidente, alineación con Washington en la guerra contra el terrorismo internacional y discreto alejamiento de las dudosas compañías de Chávez y Lula Da Silva.

Nada de eso sucedió ni sucederá. Cuantiosos y turbios negocios mantienen más viva que nunca la alianza entre los Kirchner y Hugo Chávez, más aún por estos días en que la justica argentina investiga una compleja trama de transacciones entre ambos países que involucran millonarias irregularidades. Se trata de la pulseada política más seria que le ha tocado enfrentar al gobierno de Cristina Kirchner y que empezó apenas unas semanas después de su asunción cuando un personero del presidente venezolano fue detenido en la aduana argentina intentando ingresar con 800.000 dólares destinados a colaborar con su campaña proselitista, según manifestó el portador.

Mientras tanto, la oposición política en el Congreso Nacional, en una tarea independiente del trámite judicial, avanza con esfuerzo en el esclarecimiento de los hechos en medio de una maraña de silencios y presiones. Intercambio de petróleo, maquinarias, granos, influencias, dinero y favores amenazan con rozar las más altas investiduras.

domingo, 20 de junio de 2010

Balance Semanal


A diez días de iniciado el campeonato mundial de football el firmamento kirchnerista se ha llenado de estrellas. Un conteo rápido de los logros anota: la liberación del puente de Gualeguaychú; el “Ok” de la Corte Suprema de Justicia para aplicar la Ley de Medios sancionada justo antes de que el oficialismo perdiera la mayoría propia en el Congreso; la intervención de una de las dos grandes empresas proveedoras de gas que la pone inquietamente cerca de las voraces fauces reestatizadoras; el sopor en el que ha entrado la mega-causa que denuncia millonarios sobornos y sobreprecios en los negocios con Venezuela que impacta en el corazón mismo del gobierno; el reemplazo de Jorge Taiana por el ultrakirchnerista Héctor Timerman al frente de la Cancillería como para asegurar el cerrojo sobre la única filtración que le sacó a aquel entuerto el calificativo de “crimen perfecto” y el rechazo de la Cámara al pedido de Mauricio Macri de separar al juez Oyarbide de la investigación que lo tiene procesado.

A eso hay que sumar el efecto que de por sí tiene sobre el público el Mundial de football que transcurre por estos días en Sudáfrica que, sin duda, distrae del diario trajín. Los dos triunfos de la selección argentina y la expectativa sobre los partidos futuros son una suerte de limbo que computa a favor del Gobierno, sin ninguna duda.

Además, hay otra circunstancia para alimentar el buen talante local. El football provoca una movilidad global tan súbita como efímera que hace posible, cada cuatro años, que los países postergados como el nuestro, nos creamos superiores a los que por ahí no corren tan bien tras la pelota pero que viven bastante mejor el resto de los días entre mundial y mundial. El microclima de la superioridad levanta la autoestima nacional entre quienes somos convenientemente instigados a mirar al mundo adelantado por encima del hombro. “No somos tan malos, sucios y feos como nos quieren hacer creer”, usted vio, y a disfrutarlo mientras dure.

Ojo que, mientras tanto, la oposición hace lo suyo. El hecho más trascendente de la semana anterior y que produjo escozor en el oficialismo fue la foto de los peronistas buenos juntos por lo que, envalentonados, levantaron la apuesta; sobre el pucho nomás sumaron a los popes radicales y, mientras hacían tiempo para crear el siguiente hecho político de envergadura, se sentaron a escuchar los consejos del cardenal Bergoglio que, como nadie le da ni cinco de corte, viene repitiendo lo mismo hace por lo menos cuatro años, haciendo gala de la paciencia jesuita con la que Nuestro Señor lo ha premiado.

A cartón seguido de tan sobrecogedora experiencia se vino la movida política que pone en vilo al Gobierno: otra foto. Si bien el eje del mecanismo con el que tienen pensado derrotar a los Kirchner es un secreto guardado bajo siete llaves, todo parece indicar que la médula de la estrategia de campaña enhebrada por los cráneos del marketing político que rodean a la ilustración anti-K será tirarles con un álbum. Está en discusión la foto de tapa; la de “Franta”, en sepia, colorado y aguerrido convirtiendo un “try” compite con la de Eduardo Duhalde parado en el extremo de un trampolín de las piletas de Ezeiza, listo a zambullirse. Ambas contienen un subliminal mensaje de garra y arrojo amenazante.

En las puertas de una nueva semana las tareas se reparten: los popes del peronismo bueno seguirán recorriendo barrios y pueblos, visitando compañeros, mateando con ellos y comunicándolo vía Twitter mientras el tropel de peronistas malos tiene en agenda: prohibir la comparencia del embajador Sadous en el Congreso; avanzar sobre el desmantelamiento de los medios de comunicación independientes; reglamentar la reforma política que barre con una centena de partidos como consecuencia inmediata y mantiene a los que queden en pie ocupados en cumplir las exigencias burocráticas que impone la ley; esperar que la justicia independiente confirme, muy probablemente antes del viernes, el procesamiento del Jefe de Gobierno aunque sin el cargo de asociación ilícita que convierte en un grotesco toda la demanda. Ah! Y aguardar, con nerviosismo, la próxima foto del enemigo.

martes, 8 de junio de 2010

La Interna Radical


Quedarse con Leopoldo Moreau, Freddy Storani y Coti Nosiglia era como estar al borde del precipicio y decidirse por dar un paso al frente.

Tampoco es que la opción fueran el Dalai Lama y Winston Churchill pero al menos Ricardito Alfonsín no hace siete lustros que deambula por la política nacional, hecho que a la profundidad de caída que padece la política nacional, ya es una virtud.

Mirado desde el análisis técnico, el resultado de la interna que dirimió el partido radical de la provincia de Buenos Aires el pasado domingo es alentador. Para empezar, porque hicieron elecciones y evitaron el dedo que vienen aplicando los peronistas, la Coalición Cívica y el macrismo con prolijo desparpajo.

Y es buena noticia porque el candidato ganador fue contra el llamado “aparato” que dicho en singular identifica las ventajas y resortes adicionales con los que cuentan los que empuñan el sello del partido en detrimento de la o las listas opositoras al oficialismo. En plural es otra cosa y, en este caso también podría adquirir sentido respecto de algunos de los protagonistas. Como referencia histórica claramente salta a la luz 1988 cuando Carlos Menem le ganó la interna a Antonio Cafiero, el candidato del “aparato” peronista. No es un dato demasiado feliz pero es lo que hay. Lo interesante para rescatar de ambos ejemplos es la posibilidad de que la voluntad de los afiliados se imponga sobre las componendas de cúpulas, punteros y burócratas de la política de comité.

Ganó con Ricardo Alfonsín la identidad radical. Si eso es bueno o no tanto no es el punto ahora. Sí es que el decidido apoyo a su figura vino del interior de la provincia más que del primer cordón bonaerense, la parte más “aporteñada” del distrito. Dicho en otras palabras, se estaba definiendo si Cobos sí o Cobos no y privó Cobos no. El radicalismo dijo no al modelo de deslealtad y punto.

Con ese aval es bien probable que a partir de ahora la UCR vire hacia los acuerdos que el “cobismo” resistía y que se resumen en un nombre: Elisa Carrió más específicamente. El radicalismo podrá levantarse o no de los harapos que viste hace una década. Podrá ser opción de poder, definir propuestas y defender las instituciones que se están cayendo a pedazos. Podrá romper con el mito, como lo hizo Alfonsín padre, de que no se puede gobernar sin el peronismo o podrá volver a defraudar.

Hasta acá, las ventajas de que hayan perdido quienes perdieron. Luego habrá tiempo para festejar que ganaron los que ganaron. Cuando nos den motivos; mientras tanto, las instancias políticas presentes me remiten con demasiada frecuencia a un diálogo que mantuve con una amiga hace varios años. En su intento, casi desmedido, por resaltar las condiciones de cierto señor que frecuentaba con alguna asiduidad me comentó la buena voz que tenía y lo importante del dato. Un silencio incómodo se produjo entre nosotras; yo no quise contradecirla aunque ella estaba perfectamente consciente de la fragilidad de su argumento. Fue entonces cuando, para mi sorpresa, agregó: “Ya sé. No digas nada. ¡Con qué poco nos conformamos!”

lunes, 7 de junio de 2010

¿Feliz Día?




A 200 años del día en que Mariano Moreno ponía en la calle el primer diario argentino no hay demasiado para festejar, a no ser el mero paso del tiempo. El país ha dejado de querer la libertad como la quisieron los hombres que construyeron el país.

La libertad no se obtiene de mucho nombrarla; no se declama, se ejercita a diario. Es una forma de vida y se aprende. La Argentina hace décadas que reemplazó la enseñanza de la libertad por la práctica de modelos sociales perversos que llenan el discurso de palabras vacías de contenido donde la libertad es, como mucho, un slogan.

El amor a la libertad es otra cosa. El amor a la libertad es anterior a las corporaciones políticas. Es entender que el crecimiento personal es posible y que no depende de cuánto intervenga el estado en nuestras vidas sino de cuánto espacio nos deja para desenvolvernos. Es creer en el esfuerzo que cada uno hace en su propio favor. Es confiar en que las instituciones de la república colaboren garantizando la vigencia del estado de derecho, la igualdad ante la ley y la idoneidad de los funcionarios públicos. Y además, el amor a la libertad no depende de que lo profese o traicione el vecino. El amor a la libertad es una elección individual.

Hoy, que por un excelente trabajo de posicionamiento propagandístico, la izquierda subversiva que nos azotó en los ´70 goza de una inmerecida buena imagen, la sociedad argentina ciclotímica, inconstante como un adolescente y snob, saltó de vereda y ahora los acompaña, festeja y convalida arbitrariedades, disculpa el olvido de la ley y hasta el desprecio por las instituciones. O calla. Calla ante las persecuciones políticas disfrazadas de legalidad sin inmutarse. Calla la sociedad cuando no rechaza la arbitrariedad y cuando calla legitima el delito. La historia enseña que los totalitarismos se instalaron con la complicidad popular en el atropello a los derechos individuales y también enseña el costo que se paga por ese error.

“Faltan voceros de la libertad” dijo el desaparecido Julio Ramos en el homenaje a los 90 años del ingeniero Alsogaray. Es claro que faltan ellos y el eco de sus prédicas. La anoréxica esperanza de quienes no han emigrado aún se asienta en identificar, a pesar de los vaivenes de la moda, la existencia de espíritus genuinamente comprometidos con la libertad. Aunque es cierto: para que eso suceda es condición que la sociedad argentina madure y abandone la impunidad, a veces especulativa, con que aplaude o repudia un mismo principio según caliente el sol.

martes, 25 de mayo de 2010

Me importa un bledo


“Lo tengo! Lo tengo! Ya que suspendimos el recital por lluvia, pasemos los números vivos para mañana lunes y lo embromamos a Macri!” bramaba Aníbal Fernández por el pasillo principal de la quinta de Olivos, camino al gran comedor donde estaban de sobremesa los dueños de casa con funcionarios y algunos afectos. Todos reaccionaron al escuchar los gritos cada vez más cerca.
Randazzo, rápido de reflejos, de un brinco llegó hasta la puerta para ver qué pasaba. En el momento en que Aníbal iba a accionar el picaporte, Florencio le franqueaba el paso abriendo las puertas de par en par, detalle que Aníbal no había evaluado por lo que le fue imposible morigerar el envión y de un solo tranco aterrizó sobre un plato de pastelitos ubicado entre Néstor y Zanini. Casi todos quedaron diseminados sobre el mantelito de hule que Cristina pone sobre el de hilo cuando están en confianza, pero uno salió volando y aterrizó en la falda de Estela Carlotto quien pegó un grito mientras se incorporaba sin entender lo que pasaba.

Absorbida en la charla que mantenía con Luis D´Elía ni había reparado en la presencia del Jefe de Gabinete, quien pedía disculpas a los comensales mientras se sacudía el azúcar que se le había quedado en el bigote.

-“No te hagas drama. Cada uno entra como puede, no como quiere, Anibalito” le dijo, comprensivo, el marido de la presidente

Las mejillas enrojecidas de Aníbal delataban su euforia y a duras penas intentaba manejar el acelere. “Tengo una idea genial, Cristina” le dijo parado frente a ella, pero la señora pareció no inmutarse; se la veía molesta. “Tiraste los pastelitos que hizo mamá” dijo en voz baja mientras se arreglaba el flequillo con una mano y con la otra levantaba las migas del mantel. “Y no alcancé a probarlos” murmuraba.

El silencio se apoderó del instante. Las mejillas de Aníbal pasaron del rojo carmesí al blanco sin escalas. Supo que el horno no estaba para bollos. Miró alrededor buscando un alma caritativa que lo ayudara con el bache pero nadie quiso subirse a ese pony. Aprovechando la fiesta patria los presentes aplicaron el “¿yo? argentino” y bajaron la vista respetuosamente. Cada segundo duró un siglo hasta que el Señor se hizo presente con oportunas bendiciones. C5N transmitía en directo la inundación de Santa Fe y Juan B Justo.

-“Ven que el Tata Dios es peronista?” dijo Pichetto extasiado frente al LCD. Cristina levantó la cabeza, Aníbal respiró y todos se arrimaron a la pantalla. Agustín Rossi descorchaba una sidra y Mariotto intentó juntarlos para que nadie quedara afuera de la foto. “Hay que inmortalizar este momento. Más cerca para que entren todos y digan chis”. Tuvieron que sacar otra porque justo cuando el funcionario disparó Cristina se estaba trayendo las extensiones para adelante y se tapó la cara con su propia mano. La segunda salió joya y el improvisado fotógrafo prometió copias para cada uno.

-“Tenías q ser vos, Mariotto, con una camarita en el bolsillo; obvio, un hombre de los medios” dijo la presidente a modo de aval a la ocurrencia.

Rossi aprovechó la ventaja de su estatura y, una vez seguro de que todos estuvieran servidos, propuso un brindis. Se paró al lado de la pantalla, alzó su copa y dijo solemnemente: “Señores, por la inundación de la ciudad de Buenos Aires!”. A Néstor le arrancó una sonora carcajada un hombre que las cámaras enfocaban intentando cruzar la avenida con los zapatos en la mano y los pantalones arremangados hasta las rodillas. “Para Mauri que lo mira por tevé” entonaba Máximo que se había unido al grupo mientras enrollaba un cartel que decía “Todo Negativo” y lo guardaba debajo del sillón. Los detalles de la tormenta dieron paso a la algarabía y el revoleo de los pastelitos quedó en el olvido para alegría del Jefe de Gabinete.

-“Cristina, pasemos los cantantes de hoy para mañana y le enquilombamos la reapertura del Colón a Macri” insistió y cuando iba a entrar de lleno en el cómo de nuevo tuvo que frenar de golpe.

-“No lo nombres en mi presencia si no me querés poner loca” le dijo Cristina fulminándolo con la mirada pero agregó: “cómo sería la cosa?”

Ahí Aníbal arremetió con el plan. “Mandamos el folklore una hora antes de la prevista por ellos así la gente les llena la 9 de Julio. Los invitados tendrán que dejar el auto en Retiro como muy cerca. Imaginate, con los tacazos que se usan ahora las minas van a tener que llevarse unas zapatillas en la cartera. ¿quién se camina veinte cuadras de largo y stilettos? Encima, la humedad les va a hacer mierda el peinado. Con eso ya los tenés de mal humor. Guillermito Moreno apalabró a los que alquilan equipos de sonido. Vienen todos para este lado; encima suenan más fuerte así que con un poquitito de suerte que tengamos y el viento sople de sur a norte, les tapamos esa música de maricas con el chaqueño Palavecino.” Los colores le habían vuelto a subir y cada vez hablaba más rápido.

-“Vieja! –gritó Néstor desde el otro extremo del salón- vení a ver esto. Llegaron los gomones y Santilli trata de dar explicaciones. Son patéticos pero hagámosles caso, no saquemos la basura hoy, eh?” decía con una sonrisa cómplice y un guiño a Moyano que justo entraba. “Huguito! Sacate la campera y tomate una sidrita que trajo Agustín”.

“Pero esperá que hay más” le decía Fernández a la presidente. “Falta lo mejor: ponemos el canal público a transmitir el festival, por supuesto y desde ahí le taladramos la cabeza al país entero. No pasamos nada del Colón y que se compren un multimedio si quieren cámaras los pituquitos esos. Cómo lo ves?”. Por la sonrisa de Cristina se dio cuenta que iba por buen camino.

Como un boy scout salió raudo a poner en marcha el plan. Estaba exultante. Iban a ver los que ponen palos en la rueda y agravian. Alguien se atrevió a insinuarle que dejar al interior sin rastro del acontecimiento cultural del Colón era cruel, que no todos los que allí estuvieran son quinta generación de criollos, que habría muchos de los que colaboraron en la restauración, bailarines, teloneros, personal de mantenimiento, músicos cuyas familias sólo podrían contemplar un pedacito de sus trabajos a través del canal 7 y que también entre los que fueran al Colón podía haber quienes quisieran disfrutar del recital folklórico pero fue inútil.

Aníbal llevaba la instrucción de la señora presidente. La operación “Me importa un bledo” estaba en marcha. Dedicada, eso sí, a todos y a todas.