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miércoles, 19 de agosto de 2009

Ternuras de Estadistas


No hay como el toque femenino para endulzar las rudezas de la política. Uno de los orgullos que puede esgrimir la República Argentina es haber aportado ese tinte inconfundible a los modos agresivos que suelen imponer los hombres a las relaciones entre partidos adversarios o entre países. Las mujeres argentinas en la política compensaron, con calidez, las asperezas. Y la enriquecieron con diálogo, búsqueda de entendimientos más allá de las diferencias; exaltación de lo mejor de cada ser humano; un permanente llamado a la armonía; un tenaz rechazo de la confrontación; tolerancia, a veces inagotable; decidido repudio a la violencia y una cuota hasta de ternura que se escapa por la mirada pero que es producto de sus pródigos corazones. La maternidad, capacidad biológica exclusiva que algunas de ellas ejercieron y propiedad genética de todas, se les nota en sus decisiones; porque maternal no es sinónimo de débil sino de suave en la firmeza. Y es lo que son y han sido: suaves, dulces, queribles y firmes. Este es otro aporte del peronismo a la concordia interna y a la amistad con la comunidad internacional, valor escasamente reconocido por la sociedad. Vaya, entonces, un sentido homenaje de género a quienes tan bien nos han hecho quedar.

Una palabra para María Estela Martínez de Perón quien, más allá de ser la última esposa del General, es un caso histórico por ser la primera mujer elegida por el voto popular para ejercer la vicepresidencia y, eventualmente tal como sucedió, la presidencia de la república. Su perfil bajo y el poco tiempo de ejercicio nos privaron de ver su personalidad desplegada y con ella, sus dotes de liderazgo. Pero del ánimo pacifista hablaban sus ojos, a pesar de que durante su administración explotó en el país un período de violencia asesina inusitado. Tanto el terrorismo que se reprodujo con comodidad a lo largo de su convulsionada gestión como los brotes de células autodenominadas anticomunistas que mataban a la par de la guerrilla, fueron efectos no queridos de su mandato. Las palabras de “Isabelita”, sobrenombre con el que se la conocía, al presentar ante la CGT el plan económico del ministro de Economía allá por 1976, son malinterpretadas. Hay quienes sostienen que no ayudaron a calmar los ánimos: “Hay una campaña de desestabilización contra el Gobierno, escúchenlo y repíntalo, quieren desindustrializar al país, quieren que volvamos a ser un país productor de materias primas, quieren voltear las chimeneas que levantó Perón”. Puede que no fuera el momento de azuzar las diferencias, pero cierto es que el germen de la violencia y de la muerte ya habían sido sembrados en el corazón del partido gobernante y sus frutos empezaban a verse.

En el otro extremo del devenir histórico, está Cristina Kirchner. Sus detractores van a vociferar que de componedora no tiene nada; que expulsó a una diplomática hondureña y maltrató en público al presidente Tabaré Vázquez cuando vino a Buenos Aires a agasajarla con motivo de su asunción presidencial; que criticó al gobierno norteamericano mientras era huésped de los Estados Unidos o que se niega a responder a sus opositores los pedidos de audiencia que, por montones, se le apilan, pero no quieren reconocer que ella no escatima una sonrisa y hasta una sonora carcajada a Chávez, a Correa y, ya en grado de debilidad catatónica, a Fidel Castro. No le reconocen, los muy ciegos, que puede estar demasiado ocupada como para presidir el tradicional Tedeum en la Catedral metropolitana; que puede resistir la solución del conflicto para los millones de argentinos que viven de la producción agrícola-ganadera pero no falta a la hora de apoyar a presidentes que, como Chávez y Zelaya, quieren perpetuarse en el poder por el bien de sus pueblos; que recibe a los empresarios del futbol y hasta a Madonna, Antonio Banderas, los Rolling y Shakira. ¿Quién corre el riesgo de ser tildada de “cholula” por la imagen nacional? ¿Quién, en el fondo, se expone al “fusilamiento mediático” con una sonrisa como lo hace Cristina, sin ser una “lady” auténtica, con paciencia de madre y templanza de estadista?

Pero ningún panorama de la militante política peronista está completo sin referenciar a Eva Duarte. Para cerrar el listado, entonces, vaya un recuerdo para la defensora de los descamisados quien, en su último discurso público, prometió salir a la calle si alguien se atrevía a derrocar al entonces presidente Juan Perón, "para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista".

Paradojas de la historia. No pasó en aquel momento pero tal vez sea mujer y peronista quien se encargue, finalmente, de hacer realidad ese premonitorio augurio de demolición.

2 comentarios:

  1. Excelente!!! En blog el atrilero y otros. Te felicito.
    Lic. Francisco Scolaro

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  2. Genial perfil de un tema que hacía falta tratar y por lo visto, nadie se animaba. Mi estimada María Zaldívar,es evidente que nunca debe mandar quien fue sirviente,pues en nosotros,seguramente tomará venganza de su vida. J.A.Tuckey Sr.

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