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domingo, 16 de agosto de 2009

Clarín ¿Miente?


Había que entenderlos. Y saberlos esperar. Es que ellos vienen del sur y allá los tiempos son otros. Y ni hablar de los modos, por lo menos los suyos. Tardaron pero los Kirchner finalmente están poniendo blanco sobre negro a cada uno, ellos incluidos. Armaron tal desbarajuste en el país que ni los muertos se salvaron. A veces parece que están desde siempre, por varias razones pero más que nada porque es difícil hacer tanto de un golpe pero lo cierto es que hace apenas siete años nadie informado hablaba de ellos.


De repente, emergieron. Y entonces nos enteramos, casi simultáneamente con los familiares de los terroristas argentinos que, en los ´70, habían sido comprometidos militantes de la lucha armada, cosa que el país desconocía y que sólo se explica en la humildad de sus personalidades, de la misma manera que se explica el abultado patrimonio que empezaron a amasar por aquellos años; acopiar propiedades fue la pantalla que ocultaba el auténtico objetivo de sus vidas: el prójimo.

Ese mismo móvil los acompañaría durante la década infame de la Argentina, las del ´90, en la que en aras de intereses superiores -siempre relacionados con el bien común- los Kirchner soportaron con mudo estoicismo la privatización del petróleo que, en la provincia donde reinaban, significó ensuciarse las manos con millones y millones de dólares. Pero como lo que no mata fortalece, el entonces Gobernador Kirchner se repuso de semejante golpe bajo a su idealismo soberano y, con la mirada puesta en las próximas generaciones (de santacruceños, se entiende) enfundó sus principios, amordazó el nacionalismo que aullaba desde sus entrañas, y se llevó fuera del país, las cuantiosas regalías producto de la vergonzosa trapisonda privatizadora. Ya llegaría la hora de vengar aquella humillación y podrían los Kirchner cumplir con un íntimo anhelo: “vivir con lo nuestro”. Sus detractores argumentan que en el curso de los años, introdujeron una minúscula modificación al slogan y que llegados a la conducción nacional pusieron en práctica “vivir de lo nuestro”, lo que implica nuestra producción y excluye la de ellos.

El interés del prójimo, casi como una plegaria laica, signó cada uno de sus renunciamientos, que fueron muchísimos, desde los malinterpretados como claudicación ideológica hasta abrazarse con Carlos Menem y dedicarle elogiosos calificativos o negociar con Eduardo Duhalde la interna partidaria para derrotarlo unos años después de su repugnante administración extranjerizante y apátrida.

Las situaciones podían ser más o menos complejas pero la orientación no la perdieron nunca; eso hacen los ideales en el derrotero de los estadistas. Y, mientras la necesidad lo impuso, siguieron digiriendo sapos: cuando incorporaron a su gestión de gobierno al cavallista Alberto Fernández y cuando se lo sacaron de encima; o cuando se deshicieron del padrino político que los condujo a la Rosada criticando sus “juntas” con lo peor del conurbano bonaerense; hasta en esas críticas circunstancias supieron mantener la calma, cualidad que los define. Y cuando la acción política concreta les dio la oportunidad de tratar y escuchar a esos dirigentes históricos, tuvieron la grandeza de reconocer que se habían equivocado, que habían prejuzgado y, en una gesta que los enaltece, rescataron a esos mismos punteros que, meses antes, habían tildado injustamente de “mafiosos” y desde entonces los mantienen a su lado, engalanando sendas gestiones presidenciales.

Coherencia puede resumir el devenir matrimonial. Tanta que expuso las debilidades ajenas. Y dio vuelta todo. El rey está desnudo pero, como un rey que predica con el ejemplo, como un rey equitativo, los tiene desnudos a todos los demás de tal modo que nuevas realidades quedaron ahí, a la intemperie, para quien las quiera ver:

Hoy el Grupo Clarín apila defensores tras décadas de cargar con el dudoso privilegio de ser el ícono del poder concentrado y el desprecio de quienes entendían sus efectos, conocían sus manejos, rechazaban forma y fondo, predecían los daños y lamentaban el derrotero que llevaban aquella forma de hacer negocios. Pasó de ser el multimedio más detestado por quien alguna noción tuviera de abuso de posición dominante, a perseguido; de victimario a víctima sin escalas. Sólo algunos memoriosos recuerdan que hace apenas cuatro años el entonces presidente Néstor Kirchner, por decreto, suspendió los plazos de expiración de la licencia y le concedió diez años más de explotación a Canal 13; cuatro años atrás, justo antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato.

A la oposición se le complica entender que en el reino K el fin justifica los medios y que “medios” en el lenguaje K es sinónimo de fines, y que “fines” en el lenguaje K significa “todo”.

Como dijera hace décadas María Elena Walsh y sin referirse a los Kirchner, ellos consolidaron en la Argentina el “reino del revés”. Los adolescentes dirían que son “lo más”. Han conseguido que ahora los radicales vociferen que el estado no debe involucrarse en negocios que los privados pueden hacer. ¡Los radicales! Pero no es el único logro kirchnerista en materia de definiciones. También han puesto en blanco sobre negro la interna pejotista en la que la desnudez de de Narváez y Macri flamea vergonzosamente para sorpresa y decepción de los cándidos que los votaron pensando que eran “otra cosa”. Esa desnudez es, además indigna porque el bingo en que va convirtiendo la ciudad de Buenos Aires, nunca mejor utilizada la metáfora, ese buque insignia del peronismo no-kirchnerista está resultando un fiasco en la defensa de la libertad.

Néstor y Cristina Kirchner pervierten todo lo que tocan. Tienen el don de sacar lo peor del individuo, de potenciar sus pequeñeces y de agrandar las mezquindades. Luego se encargan de empujarnos la cabeza al resto para obligarnos a mirar el fondo del tarro porque parecen disfrutar tanto con la degradación de unos como con las arcadas de los demás.

Es una lástima que la manzana buena no pueda curar a la agusanada pero sí ocurra, indefectiblemente, a la inversa: la podrida termina siempre contagiando a la sana. Dado que el proceso es inexorable y conocido, lo mentalmente saludable sería evitar el contacto con la materia descompuesta, el gusano o la basura.

5 comentarios:

  1. Tristísimo y lamentable es el papel de los funcionarios de todos los rangos, que se limitan a asistir a actos vacíos, aplaudir, sonreír, adular. ¿Tanto les importa el poder y el dinero como para perder la dignidad sin quejas? No logro explicarme la falta de pudor, la hipocresía para sostener cualquier cosa, la humillación constante. ¿Alguien puede hacerlo?

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  2. Una explicación: llegan a esos puestos quienes no tienen dignidad; no es q la pierden. Es posible q el sistema de selección de dirigencias y cuadros medios tenga una orientación tal q capta ese perfil humano y deja afuera al q valora principios, esfuerzo, capacitación...

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  3. La gente que tiene puestos "clave" son mediocres y están mucho más allá de sus propios techos intelectuales. La mayor parte no son aptos para ocupar el lugar que la política (los partidos y/o punteros) les ha dado.

    Jorge Gomez Thais

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  4. Ya desde el primer Peron el metodo de seleccion era guiado por una sola condicion, nadie que pudiera hacer sombra, que llevado a la iconografia del Pocho era la famosa "lealtad peronista" o "no sacar los pies del plato". Si , lealtad concebida como omerta mafiosa, la famosa y actual frase:"gente con codigos".
    Realmente me sorprende que les llame la atencion, es , tal vez la caracteristica basica del peronismo.
    No puedo dejar de mencionar al filosofo Garcia Venturini, que refiriendose a la metodologia de seleccion de este arribismo peronista, no con un dejo anticipatorio notable, definio al peronismo como una kakistocracia(SI!! con dos K en 1974)haciendo un juego de cacofonias con una raiz griega que significa: "EL GOBIERNO DE LOS PEORES".
    Pero no nos alegremos, al vivir sobre todo la experiencia del menemismo, comprendi el fenomeno del peronismo: En Argentina las clases ilustradas, pudientes, mas capacitadas, prefieren dejar la cosa publica, al igual que en la belle epoque las estancias, a los administradores que se entiendan con los negros,( y que paren al comunismo).Peron y Menem son paradigmaticos al respecto. Y asi nos fue, tal como con las estancias, los administradores se quedaron con el pais y asi pasamos de ser el 90 % en 1900, o el 60 % en 1950, del PBI latinoamericano, al actual 6 %, y en caida.
    Nos lo merecemos, 50 aÑos despues algunos descubren que el peronismo es la seleccion de los peores

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  5. Los peronistas perduraron en su obra maléfica, ya que fueron engendrados desde las altas esferas fascistas. Pero no hay que olvidarse de los radicales, quienes no se diferencian en nada a los primeros, sólo en que de radicales no tienen nada porque son unos tibios socialistas. Ellos (los radicales) y su Reforma Universitaria en 1918 (por no hablar de las leyes laborales impulsadas por Yrigoyen) empezaron el fenómeno de embrutecimiento de éste país; y como dice María, la idea de 'vivir de lo nuestro'.

    Excelente artículo María, siempre tan filosa y atinada en tus reflexiones.

    Virginia Tuckey.-

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