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martes, 10 de junio de 2008

El Orden Espontáneo de la Globalización


Ezequiel Vázquez Ger



“Los primitivos órdenes sociales permitieron, en definitiva, que ciertos individuos orientaran su inintencionado e inconsciente esfuerzo hacia el establecimiento de un orden más extenso y más complejo cuya evolución desbordó en todo momento cualquier posible previsión tanto del propio actor como de sus contemporáneos.
Para crear este orden, diversos sujetos utilizaron cierta información situada tan sólo a su alcance personal”
F.A Hayek (1988)


Hacia mediados de la década del ’20, el economista austriaco Ludwig von Mises en su obra “Socialismo” planteaba la tesis de la imposibilidad de la planificación central de una economía. Centraba su argumento en el hecho de que en una economía socialista, al no existir propiedad privada tampoco existían precios de los factores de producción (definiendo “precio” como la expresión de las valoraciones subjetivas de las personas) y de esta forma demostraba la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, sin el cual, toda economía se encuentra destinada al fracaso. El debate sobre la imposibilidad del calculo económico continuo extendiéndose en el tiempo, y fue quizás Hayek quien, con argumentos diferentes a los de Mises, logró darle una vuelta de tuerca más, agregando aún mayor consistencia a esta posición. En su paper “The Use of Knowledge in Society” (1945), entre otros, Hayek plantea que la información, o el conocimiento en una economía, no se encuentra centralizado en alguna mente o ente central, sino que se encuentra disperso entre todas las personas que interactúan en el mercado. La imposibilidad de concentrar todo este conocimiento disperso en una sola mente es la razón por la cual una economía centralizada no puede producir eficientemente. Hayek atribuye el intento de planificación central a lo que denomina racionalismo constructivista de origen cartesiano, pensamiento filosófico que atribuye a la razón, capacidades que van más allá de sus límites. Dice Hayek (1985):
“El error característico del racionalismo constructivista estriba en que intenta basar sus argumentos en la denominada ilusión sinóptica, es decir, en el supuesto según el cual una sola mente puede llegar a conocer cuantos hechos caracterizan determinada situación y que, a partir de tal conocimiento, puede estructurar un orden social ideal”(3)
Uno de los aportes más importantes de Hayek fue sin lugar a dudas, su teoría sobre la formación de los órdenes espontáneos. Órdenes tales como el lenguaje, la moneda, el comercio, la sociedad, no fueron la creación de una única mente, sino que surgieron de forma espontánea, como parte de aquel proceso mediante el cual las personas con su pequeño conocimiento sobre el entorno que las rodea, interactuando entre si de modo de satisfacer de mejor forma sus necesidades, fueron creando un orden que en ningún momento pensaron crear, y que de ninguna forma conocen cuál será la forma futura del mismo. Las normas de conducta dentro de las cuales los individuos fueron actuando, tampoco fueron resultado de ningún designio humano, sino de la individual aceptación por parte de cada persona que se dio cuenta que respetándolas iba a conseguir de manera más rápida los objetivos propuestos.
Ahora bien, nuestro objetivo consiste en demostrar en primer lugar que el proceso que denominamos “globalización”, no es mas que uno de estos ordenes espontáneos planificados por ninguna mente individual, producto de ningún designio humano pero si de humana acción, el cual en definitiva es la forma mas reciente que logramos con nuestro limitado conocimiento reconocer como evolución de aquel orden cuyo origen se encuentra a la par del surgimiento de las primeras relaciones entre las personas, primero llamado intercambio, luego comercio y hoy, globalización. Y en segundo lugar, que dicho proceso constituye en cierta forma la base de oportunidades de crecimiento que los países subdesarrollados necesitan para salir de su actual situación (4)

2 Orden Espontáneo, Normas, Comercio y Globalización
El siguiente tema a analizar es acerca de cuáles son las instituciones necesarias para que un país pueda entrar de lleno en la globalización, disfrutando de todos sus beneficios. Desde nuestro punto de vista, no existe ninguna magia al respecto. Dichas instituciones no difieren de aquellas necesarias para que cualquier mercado funcione. Y la institución por excelencia para asegurar dicho funcionamiento, es el Estado de Derecho y el Imperio de la Ley. Dicha ley estará integrada por normas que regulen las conductas de los individuos entre sí, siendo independientes de la consecución de cualquier fin en particular. Debe ser aplicable a un número ilimitado de casos, así como también definir la esfera de protección de las libertades individuales, dentro de la cual cada individuo podrá realizarse libremente haciendo todo el uso de sus habilidades creativas. Y finalmente, dicha ley debe asegurar la máxima coordinación de expectativas posibles entre las personas para poder orientar lo mejor posible el comportamiento individual, lo cual presupone la importancia de las costumbres e implica la estabilidad en el tiempo. El fin hacia el cual una norma o una institución debe apuntar, no puede ser nunca el logro de aquello que en un momento determinado, tal o cual sociedad crea más importante, sino más bien el mantenimiento de unos principios generales sobre los cuales el orden social se asienta.
El resultado del establecimiento de este tipo de instituciones es predecible: entrada masiva de inversión extranjera, ilimitadas oportunidades de desarrollo y de nuevos negocios, apertura de mercados por todo el mundo para colocar todo tipo de bienes y servicios que cada país logre producir con mayor eficiencia, etc. Sin embargo, el camino hacia el logro de este orden interno fundamental, no es fácil, no posee un plan concreto, puede tomar cientos de diferentes formas, y en muchísimos casos puede fallar en el intento. Por otra parte, como ya venimos sosteniendo para todo orden espontaneo, la forma específica de este orden, no puede ser producto de una mente individual, no se puede planificar. Una vez más, el mismo tendrá su origen en las normas de conducta provenientes de la cultura y la costumbre de cada pueblo.

3 Del Comunismo Nacional al Intervencionismo Global: Críticas a los Críticos de la Globalización
Con la caída del comunismo a fines de los ’80, parecía que dicho sistema de planificación central finalmente desaparecería para siempre. Quedaba demostrada la tesis de Mises y Hayek, y una nueva era asomaba en aquellos países económica y socialmente retrasados culpa del perverso sistema. Pero lamentablemente, veinte años más tarde nos damos cuenta que aquella muerte era en realidad un exilio. Si hace 60 años se proponía el socialismo, comunismo o como se lo quiera llamar, como alternativo al sistema de mercado que aparentemente no funcionaba, hoy, contra la globalización vuelve a surgir un pensamiento similar, imbuido de la fatal arrogancia de los ingenieros sociales, que denominaremos “intervencionismo global”. Dicen que la globalización, “fundada” sobre los principios del libre mercado, no derrama riqueza sino que la concentra entre los más ricos haciendo cada vez más pobres a los más pobres. Los mismos argumentos que creíamos haber refutado para siempre vuelven a surgir bajo diferente nombre, diferente forma. Lo que nunca va a cambiar: sus errores. Si el comunismo no funcionó, este nuevo intervencionismo global tampoco lo hará. Fallan al no entender que el proceso de mercado libre es la única forma de lograr que todas las personas que habitan este mundo logren acceder a la máxima cantidad de bienes posible ya que el mismo es la única forma de utilización “eficiente” del conocimiento disperso, definiendo eficiencia como la mejor forma de coordinación de expectativas entre las personas. Una vez más, creen poseer más conocimiento, o bien todo el conocimiento para planificar ya no un país, sino el mundo entero de acuerdo a lo que creen conveniente, que no es ni más ni menos que sus propios intereses. Se encuentran teñidos por celos hacia los que supieron hacer las cosas bien, pintándolos como los que les robaron a los que en realidad, hicieron las cosas mal. Lo encontramos disfrazado de diversas formas, unas más visibles que otras.
En Latinoamérica encontramos el caso quizás más extremo: se empeñan en volver el tiempo atrás, destruir los logros que con diferentes matices nos permitieron por un tiempo creer que podíamos subirnos a la ola; buscan desestabilizar gobiernos vecinos para imponer sus propias ideas, aislarse absolutamente del mundo desarrollado tratando en definitiva de imponer este nuevo (o viejo, porque de nuevo no tiene nada) comunismo a nivel regional. Creen que el futuro se encuentra en la producción de materias primas, hacen “competitivas” sus industrias mediante impuestos al comercio exterior y manipulaciones de los tipos de cambio, sin darse cuenta que en realidad están sacando a la luz lo ineficientes que son las mismas.
Menos visible pero no por eso menos peligroso, vemos a aquellos organismos internacionales, empecinados en la idea de que la solución a la pobreza en el mundo se encuentra en los préstamos internacionales entre gobiernos, conocidos como aid. Si bien este grupo suele aceptar algunos beneficios de la globalización, nunca deja de creer que la “desigual” distribución de estos beneficios es culpa del libre mercado y debe ser redistribuida, que este orden espontaneo debe ser regulado, controlado, o más sencillamente, intervenido. Proponen cambios institucionales, es verdad, pero se creen los encargados de planificarlos e implementarlos, dejando de lado la evolución espontánea de la que ya hablamos. Y por lo general, estos cambios que proponen están pensados para satisfacer las urgentes necesidades de corto plazo, empeorando la situación futura y en definitiva, aislando cada vez más a los países victimas.
Finalmente y menos visible aún, son aquellos sectores dentro de los países desarrollados, que si bien se benefician y son jugadores mundiales abiertos y grandes, todavía no acaban por destrabar determinados aspectos que sin lugar a duda los beneficiaría aún más a ellos, pero también a todo el mundo subdesarrollado en niveles muchísimos mayores a lo que la asistencia internacional puede contribuir. Específicamente me refiero a la política inmigratoria en Estados Unidos. Si queremos que la globalización continué por la senda actual, debemos mentalizarnos que la libre movilidad de personas es tan importante como la libre movilidad de bienes, servicios y capitales.

4 La Transición: Del Intervencionismo Global a la Globalización
Ahora bien, queda por analizar el tema quizás más complicado de todos: la transición del subdesarrollo al desarrollo mediante la integración al mercado mundial. Como ya dijimos, para integrarse a dicho mercado es precondición el surgimiento espontáneo de las instituciones antes mencionadas. También dijimos que dichas instituciones no pueden ser ni creadas ni impuestas desde afuera, sino que tienen que surgir endógenamente. La principal traba que se nos presenta es cómo lograr justamente que estas instituciones surjan en países que durante los últimos 100 años no hicieron más que estancarse absolutamente, o sufrir de constantes vaivenes culpa de políticas mal implementadas, cambios de gobiernos, guerras civiles, etc.
No tenemos la respuesta, pero sabemos algo: el primer paso consiste en la humildad. Adoptar una posición de humildad ante un proceso que va más allá de lo que nuestra mente puede conocer, explicar y controlar. La globalización es producto de la acción humana y no se puede controlar ni cambiar su rumbo. Lo mejor que podemos hacer es adaptarnos a ella, aceptarla y subirnos. Abrirnos. Mirar al mundo preguntándonos qué demandas se encuentran insatisfechas, en qué somos mejor que otros, qué podemos producir más competitivamente, cómo podemos entrar en el proceso. En lugar de tratar de desarrollar industrias ineficientes, encontrar nuestras fortalezas. Si alguien produce algo mejor que nosotros, bienvenido sea, los principales beneficiados son los consumidores. La respuesta a ¿dónde se encuentra nuestra oportunidad?, seguramente tampoco la posea nadie en su totalidad. La misma tiene que surgir de la creatividad libre de cada persona. Aumentar la esfera de libertades individuales de las personas es el primer paso para permitir a cada uno buscar oportunidades. La atracción de inversión extranjera directa y la inversión en investigación y desarrollo son formas de acelerar este proceso de búsqueda, ya que acelera nuestro encuentro con el mundo. La educación es clave para aumentar las oportunidades: pero me pregunto, ¿puede un gobierno burocrático ineficiente y corrupto proveer buena educación? Lo dudo. Quizás la respuesta se encuentra en mecanismos privados de educación. Aprovechar todas las nuevas tecnologías de comunicación que aceleran las operaciones y conexiones entre las personas. ¿Cómo? Desregulando y desmonopolizando los mercados de comunicación, permitiendo la competencia en todas sus áreas. Todo esto es posible hoy en día, justamente gracias a la globalización, al comercio mundial.
Sin embargo llegado este punto nos encontramos ante una presunta dicotomía. Por un lado sostenemos que para aprovechar la globalización necesitamos instituciones espontáneas que no pueden ser creadas ni impuestas de un día para el otro. Abrirnos al mundo sin dichas instituciones puede ser peligroso. Pero por otra parte creemos que políticas públicas como las arriba mencionadas pueden acelerar el proceso. ¿Cómo se hace entonces para compatibilizar ambas posiciones? El problema que se plantea es el de la transición de un país en vías de subdesarrollo, sin instituciones ni marcos legales ni visión de largo plazo, hacia el caso opuesto. ¿Cómo hacemos para aprovechar de entrada ciertos beneficios de la globalización sin salir perjudicados? En este momento no podemos ni conocemos todas estas respuestas, pero creemos en la necesidad de un programa de investigación para estudiarlas. Una autocrítica que los liberales debemos hacernos es el haber olvidado muchas veces esta transición hacia una sociedad abierta. Por el momento, estas preguntas quedan abiertas, así como el desafío a encontrar sus repuestas. Desde nuestro pequeño lugar nos comprometemos a seguir ahondando en el tema.
Finalmente, queremos dejar en claro lo siguiente: la economía de mercado no concentra, derrama. Las políticas expuestas anteriormente pueden ayudar a acelerar el derrame, siempre y cuando se tenga como norte la desmonopolización de las actividades y por supuesto el Imperio de la Ley.


1) Ezequiel Vázquez Ger es estudiante de 4to año de Economía en la Universidad Católica Argentina. Fue Fellow del Acton Institute (Grand Rapids, MI), de la Atlas Economic Research Foundation (Arlington, VA) y Research Fellow del Hispanic American Center for Economic Research (Washington DC). Se desempeña como Asistente Ejecutivo del Instituto Acton Argentina.


3) No puedo comenzar este articulo sin antes hacer referencia a Adrian Ravier (2007), quien fue pionero en la elaboración de una teoría de del orden espontaneo aplicada a la globalización.

3) Hayek F.A (1983), Derecho, Legislación y Libertad, Vol.1: Normas y Orden. Unión Editorial, Madrid. Pág. 41

4) Es necesario aclarar que nosotros llamaremos globalización al proceso libre de mercado, es decir, al mercado ampliado a toda la esfera mundial gracias a las mayores posibilidades de comunicación y nuevas tecnologías, sin intervención ni regulación por parte de ningún gobierno ni organismo internacional. A dicha intervención la llamaremos a continuación “Intervencionismo Global”. Sin embargo, hay quienes definen “globalización” justamente como “intervencionismo global”, y al mercado global libre simplemente como libre mercado. Es solo una aclaración para evitar confusiones terminológicas.




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