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martes, 17 de abril de 2007

Kirchner, Malvinas y la justicia

Si algo describe a Néstor Kirchner es su estilo confrontativo que raya en la falta de buenos modales. En lo que va de su gestión se ha peleado con Francia, Chile, Uruguay, Italia, Finlandia, Inglaterra, Brasil y Estados Unidos para mencionar algunos ejemplos.

Faltó a las exequias de uno de los Papas más reconocidos del siglo XX. El mundo entero se acongojó con su agonía probablemente como parte del reconocimiento a tanta sabiduría, a tanta entrega a favor de la paz y la reconciliación del mundo; precisamente Juan Pablo II, que venía de una tierra de grandes injusticias y mucho sufrimiento o por eso mismo dedicó su vida a sembrar amor. No hay obligación en que el Presidente Kirchner se identificara con ese modelo pero hubiese sido conmovedor que así fuera. En aquella oportunidad, la Argentina estuvo representada por Daniel Scioli, el vicepresidente de la nación, una figura que el ex presidente Carlos Menem mudó de la motonáutica a la política nacional y que Kirchner adoptó.

Faltó también a la inauguración de cada una de las exposiciones que organiza anualmente el campo, el sector que ha provisto a esta administración buena parte del superavit que ostenta orgulloso.


La semana pasada se cumplieron 25 años de la invasión argentina a las Islas Malvinas. Se trató de un hecho desgraciado, inoportuno y absolutamente irresponsable que envió a la muerte a muchos inocentes. En recuerdo de ellos y de los que volvieron se hicieron distintos actos en todo el país. Y el presidente volvió a faltar. No participó de ninguno. No acompañó a los ex combatientes presentes ni a los deudos de los muertos en Malvinas. El vicepresidente Scioli volvió a reemplazarlo y a pesar de su esfuerzo, se evidenció que su presencia era irreemplazable. El presidente no estuvo y eso fue una ofensa innecesaria e inmerecida.

Y por fin, la justicia. Durante los últimos días, el Presidente de la Nación se dedicó a interferir sobre otro poder del estado pidiendo “celeridad” para ciertas causas y “castigo” para ciertos acusados. Esta gravísima circunstancia ha sido denunciada por algunos medios de comunicación, por algunos jueces, políticos y personalidades de renombre pero un clima de evidente temor al poder político sobrevuela la sociedad. En la Argentina se está ejerciendo la autocensura porque las consecuencias de emitir una opinión distinta a la del Presidente Kirchner parecen ser demasiado caras. Hasta la Corte Suprema de Justicia, cuyos miembros fueron en su mayoría nombrados con la anuencia de la actual administración, recibieron la réplica airada del presidente.

El manifiesto desprecio del presidente Néstor Kirchner por las reglas lo pone peligrosamente cerca de la arbitrariedad. Entre arbitrariedad y autoritarismo el límite es difuso. La Argentina hoy es una prueba de ello.

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