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lunes, 2 de octubre de 2006

“Quiero que Ganen Mucha Plata”

Ese fue el mensaje tranquilizadoramente capitalista que el presidente argentino envió en Wall Street a los inversores cuyos miedos tienen que ver con el parecido, y no físico, de Néstor Kirchner con Hugo Chávez.

Está comprobado que ambos se simpatizan, que disfrutan tirando las orejas de los Estados Unidos en público y si es geográficamente dentro de ese país, mejor y que denostan el modelo de vida del norte; se sabe también que ambos prefieren los coros de una sola voz, desconfían del disenso, de la prensa crítica, de la justicia independiente y de los mandatos de tiempo limitado. El mundo de negocios conoce las preferencias de ambos por los precios controlados, por las leyes controladas, por la información controlada, por los funcionarios controlados y por sus respectivas vocaciones de controladores.

Néstor Kirchner mantiene congeladas las tarifas de servicios públicos hace casi tres años pero paga sobreprecios por el gas boliviano; deposita el superavit de la provincia de Santa Cruz en el exterior pero pide al mundo inversiones para la Argentina; compra petróleo venezolano a valores internacionales pero prohíbe los aumentos en el mercado local; pondera la democracia pero reclama poderes especiales para el Ejecutivo; incumple los contratos firmados pero proclama la existencia de seguridad jurídica en la Argentina; se dice capitalista pero impulsa el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.


La reacción oficial a la crisis energética que padece la Argentina es curiosa y lamentable. En principio, las autoridades niegan la escasez de combustibles; sin embargo, presionan a las compañías para evitar el desabastecimiento con cualquier recurso excepto aumento de precios y reclaman a los usuarios la reducción del consumo. La empresa Shell acaba de anunciar el lanzamiento de un gasoil de mejor calidad que los de plaza a un precio superior al acordado con los funcionarios de Economía para el que se ofrece en la actualidad. Como esos números impactan negativamente en el IPC (Indice de Precios al Consumidor) y elevan el índice de inflación, el gobierno se opone a que el producto mencionado se ofrezca al mercado en este momento. Para evitarlo amenazaron a la empresa con costosas sanciones que terminaron convenciendo a Shell sobre la conveniencia de acatar la orden oficial.

¿Ese es el modelo de incentivos elegido por la administración Kirchner? ¿Esto es lo que él considera un clima de negocios “capitalista”? ¿Así entienden las autoridades argentinas que se alienta el ingreso de capitales? ¿Supone el presidente que por ese camino las empresas se entusiasmarán con radicarse en el país?

El clima político, enrarecido en las últimas semanas con nuevos secuestros y amenazas a dos de los periodistas más prestigiosos del país, conspiran contra el voluntarismo presidencial. Nada indica que el gobierno esté administrando la cosa pública para que las empresas “ganen mucha plata”. El miedo y la desconfianza, la inseguridad y las persecuciones son la mejor medicina para la fuga y no la radicación de capitales.

En definitiva, ¿quién será el objeto de su engaño: los inversores extranjeros, la sociedad argentina, él mismo o los tres, sin distinciones?

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