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2da Edición

sábado, 20 de junio de 2015

No hable que nadie escucha


“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta” reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zanini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Fernández, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Justo es reconocer el titánico esfuerzo que hizo el oficialismo duro para torcerle el brazo; intentó por todos los medios construir un candidato alternativo, más digerible a su selectivo estómago. Querían un K puro. Pero también hay que reconocerle al “cristinismo” la habilidad de saber cuándo negociar. Y eso que es una actividad infrecuente para el oficialismo. Sin embargo y sobre el filo, hizo un par de movidas estratégicas con la mirada puesta en el objetivo peronista por antonomasia: conservar el poder. 

El kirchnerismo tiene características propias. Es, en su base, peronismo clásico: populista, discrecionalidad, con rasgos autoritarios, y una cierta debilidad por el poder sin límites. Por eso descree de la labor de la justicia que no es “militante, de los medios que no son adictos y de las personas independientes. Para el peronismo y su desprendimiento, el kirchnerismo, la libertad no es un valor absoluto y, por ende, tampoco los derechos individuales. El peronismo es la reivindicación del estado corporativo que admiró Perón y cuyo formato copió del mussolinismo. Sobre ese piso, el kirchnerismo absorbió los elementos terroristas de los ´70 de primera y segunda generación y en la actualidad se mezclan entre sus filas los Kunkel con los Wado de Pedro. Los extremistas que acogió a lo largo de su historia habían sido, hasta Kicillof, elementos escasos y marginales de la construcción política, por lo general resistidos desde adentro y nunca del todo incorporados.  En este estadío peronista, los trotskistas, leninistas, maoístas y marxistas de todo pelaje dejaron atrás la marginalidad de la militancia inicial, dejaron atrás la clandestinidad de la subversión posterior hoy ocupan el centro de la escena. “Cosas vedere, Sancho, que non credere”.

Buscando en el fondo del placard una mirada optimista a lo que nos pasa, se podría esgrimir que las cosas están a la vista. Inmodificables pero explícitas porque quien hayaseguido la política de la última década habrá comprobado la rigidez K y el caso omiso que hizo siempre a sugerencias y/o críticas hasta de los propios que suelen advertir: “A Cristina no se le habla. Se la escucha”. Su rumbo es su rumbo y no es lo más importante; es lo único que importa.

Ahora bien, dado que otro legado K es la división del país en “ellos y nosotros” y según la reciente descripción, con “ellos” no hay nada que hacer, la zozobra es lo que hay enfrente de ese peronismo sin sorpresas en el fondo pero con preocupantes y novedosas señales de radicalización.

Y enfrente de eso emerge una fuerza política con elementos nuevos y viejos, con una apariencia inofensiva y cordial pero cuya receta también es la polarización, una réplica del “ellos o nosotros” menos extrema o, tal vez, menos explícita. Una de las principales banderas del PRO fue el caudal de gente sin militancia que aportaba a la política. Si eso significa que vienen sin mañas, es bueno. Si significa que carecen de experiencia, es malo. Porque la historia está plagada de ejemplos que demuestran las ventajas del entendimiento. Acuerdo no siempre es sinónimo de componenda.

El PRO, liderando una coalición, aparece como la única posibilidad para evitar más kirchnerismo y se resiste a asumir esa responsabilidad. Aislado entre propios, le dice que no a intentar por todos los medios la derrota del oficialismo. Su estratega ecuatoriano los convenció de que es mejor perder solos que ganar con otros pero no se trata de una simple elección. Estamos asomados a un precipicio de autoritarismo que nos alejará definitivamente del mundo y quedaremos a merced del kirchnerismo y su puñado dealiados: Rusia, Irán, China y Venezuela. 

El PRO se niega a abandonar su discutible “purismo” y su actitud inflexible a pesar de la inminencia del peligro. Esa intransigencia ¿a qué remite? Cuando Mauricio Macri califica de “presiones” la opinión de quienes sugieren como superadora la opción de alcanzar una coalición opositora amplia ¿insinúa que los sectores que así lo manifiestan no debieranhacerlo? ¿No habría que decirle a los políticos que nos conducen lo que pensamos si disgusta? ¿Habría que solamente escuchar? Eso ¿a qué remite?

Fuerzas encerradas en sí mismas, fuerzas que consideran un agravio las opiniones adversas y fuerzas incapaces de acordar por encima de sus intereses de parte son fuerzas sectarias. Y son fuerzas dañinas para la república.

El desafío argentino está planteado. Habrá que elegir entre ukirchnerismo que “va por todo” y un macrismo empacado en “solos 
nada”. Será elegir entre dos sectarismos porque todo indica que uno de ellos va a ganar. Muy posiblemente sea peor la continuidad oficialista pero es bueno advertir desde ahora que ninguno, en la práctica, está dispuesto a abonar el camino de las instituciones.    

domingo, 24 de mayo de 2015

El Fantasma de Scioli



María Zaldívar
Tomando los datos que arrojan las encuestas con la prevención que se han sabido ganar, todo parece indicar que hoy los preferidos para octubre serían Daniel Scioli y Mauricio Macri.
Esas mismas fuentes indican que el candidato K mide mejor solo que acompañado y que los posibles compañeros de fórmula que se barajan lo hacen perder hasta 5 de sus 36/40 puntos de intención de voto. Macri, que venía subiendo sin prisa pero sin pausa desde hace unos meses a esta parte, ha detenido la tendencia en las últimas dos semanas. Su ecuación triunfalista no se entiende demasiado si se tiene en cuenta que la provincia de Buenos Aires significa el 38% del padrón nacional y que allí el PRO está poco menos que en pañales: su candidata araña un dígito, le faltan candidatos en muchos partidos del distrito y el PRO ha perdido la personería jurídica o sea que estará impedido de presentar lista con esa “marca” y deberá apelar a un sello alternativo.
De todas maneras y así fueran cierto los 25 puntos de intención de voto del macrismo hay, como casi siempre, dos formas de mirar esa foto:
El PRO festeja el progreso y se entusiasma con el batacazo (López Murphy vivió la misma euforia en 2003 frente a sus dos contendientes). Ellos sostienen que los que no quieran más kirchnerismo se van a volcar de su lado y el número que tienen hoy se incrementará en las urnas casi sin esfuerzo
También hay otra lectura para los mismos hechos: Scioli está peligrosamente cerca de ganar en primera vuelta y es un riesgo al que no debería enfrentarnos el PRO, empeñado en no sentarse a conversar con el massismo. Como a la principal fuerza de oposición le cabe la responsabilidad de extremar los intentos de doblegar al Frente para la Victoria, un engendro que ha devastado los poderes del Estado, la economía y las instituciones. Si el PRO sigue “peleando” más con el Frente Renovador que con el kirchnerismo, logra sacarlo de la carrera y se niega a unir fuerzas, los votos que le faltan a Scioli para ganar los podrá  obtener sin demasiada dificultad de un desmembrado Frente Renovador.
Dividir el voto opositor es suicida y es lo que se está haciendo. El observador independiente se pregunta si la pelea entre Macri y Massa por obtener la preferencia del votante la fogonea Scioli, en tanto es el gran beneficiado en la contienda, o la empuja Elisa Carrió con la colaboración estratégica de algunos íntimos del jefe de gobierno a expensas de una gruesa contradicción implícita.
A pesar de sus elogios a Hitler y de su inclinación a destratar a propios y ajenos del modo que lo hizo con el diputado Federico Pinedo, Jaime Durán Barba es uno de los escuchados; sigue gozando de enorme influencia sobre su asesorado. El es quien lo convenció, entre otras cosas, de que la ciudadanía se ha despojado de rótulos partidistas y que sólo una minoría casi insignificante se autoproclama “peronista” o “radical”. Durán Barba repite desde hace años que la gran porción del electorado es “independiente” y que, para ganarse un trozo significativo de esa torta, no hay que definirse.
Es altamente probable que, de esa convicción, se desprenda la ambivalencia ideológica del PRO que ha resultado, justo es reconocerlo, exitosísima. Desde que asomó a la vida pública hasta la fecha, el PRO es una fuerza que no se expide taxativamente sobre ningún tema ríspido pero que, paralelamente, ha conseguido que el votante tampoco se lo reclame. Y eso es, por cierto, otro logro. Un logro para los fines propios del PRO, claramente, no tanto para el sistema político en su conjunto y menos aún para la madurez cívica general.
Porque cuando sus competidores detectaron que así ganaba adeptos, lo imitaron. Y desembocamos en elecciones sin debate de ideas, con personalismos concentrados y campañas basadas en imágenes, sólo en imágenes. Una auténtica pobreza. Y fue, también, la puerta de entrada para personajes de escasa o nula formación que aprovechan la poca idoneidad que se requiere  hoy para acceder a un cargo público de relevancia.
La contradicción surge cuando Carrió, también apostando a la foto y la sonrisa, mira a la cámara y sostiene que lo elige a Macri porque conforma con él y algunos históricos del colectivo radical, una opción al peronismo. Una definición que seguramente disgusta al ecuatoriano, cultor del “no sabe, no contesta”.
Lo cierto es que Mauricio Macri no sólo tiene peronistas en sus filas y los tuvo desde sus inicios, sino que hizo alianza electoral con el peronismo en dos oportunidades: en 2009 con Francisco De Narváez y en 2013 con Sergio Massa.
La apuesta a la imagen no registra estos hechos; la campaña sólo retrata gente alegre, logros materiales, mejoras edilicias, corte de cintas y reuniones de trabajo. Todo bajo el paraguas de la buena onda y el despliegue de sonrisas y globos con el candidato besando chicos y ancianos. Por suerte para los que prefieren la verdad, existe el archivo.
“El acuerdo con Sergio Massa fue sellado en persona por Mauricio Macri”, dijo hace menos de dos años Emilio Monzó, el gran armador del PRO, para anunciar que el Frente Renovador cedía tres lugares en su lista de diputados nacionales al partido del Jefe de Gobierno porteño, que no pudo armar una lista propia en la provincia de Buenos Aires. No bien desembarcados en el Congreso, los flamantes legisladores abandonaron el barco. Pero ese es otro tema y sus conductas o la de sus jefes políticos quedan a consideración del lector. Ese acuerdo es similar al que cerrara en 2009  con Francisco de Narváez y Felipe Solá en el mismo distrito.
Así las cosas, la historia reciente desmiente a  Elisa Carrió respecto de la “opción republicana” o “el cambio” (según lo llaman los proístas) que estarían intentando conformar Carrió, Macri, “Coti” Nosiglia, Federico Storani, Daniel Angelici y “Lole” Reutemann por mencionar algunos pasajeros.
Los ciudadanos  moldeamos un poco a nuestros dirigentes. Mucho más en estos, los tiempos del marketing político. Ellos nos dan lo que les pedimos. Aquello de Groucho Marx “Estos son mis principios pero si no le gusta, tengo otros” dejó de ser un buen chiste y pasó a reflejar lo que pasa en la Argentina.
Del “Macri es un delincuente” en 2003, “Macri es mi límite moral” en 2007, pasando por el  “Macri garantiza la impunidad” en 2011 al “Macri es un corrupto” del año pasado, Carrió aparece hoy, fresquísima, exultante en una foto con Mauricio Macri como apareció con Néstor Kirchner alentando a que lo votáramos y también junto a Aníbal Ibarra, para vencer, casualmente, a Macri.
Tras este nuevo hecho visual cabe preguntarse: ¿habrá algo más que la foto en ese acercamiento? A juzgar por las recientes PASO porteñas, esto es la primera contienda electoral posterior al anuncio, Carrió y Macri fueron enfrentados. ¿Alguien sabe cómo jugará Carrió el 5 de julio? Volverá a pedir el voto para su candidato, Martín Lousteau, cuando eso podría implicar la derrota de su candidato presidencial en su distrito de origen?
Elisa Carrió se metió sola en la encrucijada que no parece tener resolución satisfactoria y lo arrastró al jefe de gobierno. Lo cierto es que ese temprano acuerdo le impide hoy unir fuerzas con su ex aliado, Sergio Massa.Y hasta el observador más despistado intuye que, mientras corren separados, el oficialismo les gana a los dos juntos.
El 10 de junio se terminan las chances porque es la fecha límite para anotar alianzas y el 20 vence el plazo para las candidaturas. Ojalá el 60% que quiere un cambio no quede, como desde hace bastante tiempo, a expensas del kirchnerismo presenciando, impotente, cómo los que lo representan no lo representan.




http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/05/21/el-fantasma-de-scioli/

martes, 10 de marzo de 2015

¿Que se vayan todos?




"Que se vayan todos! Que se vayan todos! Pero, al final, el único nuevo soy yo” solía repetir Mauricio Macri recién desembarcado en la contienda partidaria. Y un poco de razón tenía. En verdad, allá en el comienzo del siglo algunos nuevos más se sumaron pero cierto es que los “viejos” volvieron todos.

La fuerza que lideró el millonario fue una esperanza concreta que emergió con una energía directamente proporcional a la expectativa que generó. Para mejor, su idea-fuerza era “Somos jóvenes y nunca militamos” con lo que venía a distinguirse de los no tan jóvenes y profesionales de la rosca política. Con esas dos banderas obtuvo la adhesión de un par de generaciones que, con él, se inauguraron en esto de la participación en la cosa pública.

Luego, cerca de alcanzar el ejercicio del poder real, Macri incorporó otro slogan: “Lo importante es la gestión”. Esa mirada de la tarea que le esperaba y una debilidad expresa por el marketing político marcaron sus administraciones. Emprender actividades de alta visibilidad y comunicarlas con el sello de su gurú estrella vinieron de la mano y cruzaron toda la era amarilla.

Pero el estallido del 2001 no responde a “la gestión”. El país no voló por el aire por una mala gestión, ni siquiera por la acumulación de varias gestiones defectuosas. La historia del mundo está plagada de ejemplos de malas gestiones y en ningún caso implicó quedar al borde de la disolución nacional. Nuestro punto débil fue la ausencia de un marco institucional, de los pilares que garantizan la sobrevida del sistema. Nada evitó el derrumbe porque las instituciones no tenian la solidez suficiente para contener y encauzar la crisis.

Ni Mauricio ni sus colaboradores percibieron esta diferencia esencial y desde entonces construyen a partir de ese enorme error de análisis que los llevó a sobreestimar las formas sobre el fondo, la bicisenda sobre el impulso a la democratización interna de los partidos, los festivales callejeros gratuitos (para los que los consumen) sobre la transparencia en la administración de los recursos públicos o las playas y sombrillas en las plazas porteñas sobre la promoción de un orden político distinto.

Una década despúes de haber ingresado en la contienda política, el macrismo está flojo de slogans. Ya no son tan jóvenes, adquirieron experiencia de militancia y se ha comprobado que, en ciertos momentos de un país, hay temas más importantes que la gestión. El que les tocó a ellos fue uno de esos momentos. Tal vez un politico experimentado lo hubiese reconocido de inmediato. Aquella debacle reclamaba reconstrucción social y, fundamentalmente, moral; además, era oportuno porque la sociedad estaba permeable para acompañar y un producto político nuevo tenía altísimas posibilidades de tener éxito.

Sin embargo, el macrismo, en lugar de ofrecer un modelo distinto, optó por subierse a la calesita que viene girando hace décadas. Eligió a sus dirigentes a dedo, a dedo armó las listas y los amigos jugaron un papel decisivo a la hora de las decisiones. La consecuencia directa de esas prácticas es el alejamiento de quienes no están dispuestos a engrosar las filas de una fuerza política que desalienta la competencia interna. No hubo formación de cuadros, el “cursus honorum” no se puso en funcionamiento y las pruebas están a la vista: más de una década después de aparecer en el horizonte político, el macrismo, aún circunscripto a su distrito de origen, no busca los candidatos entre su propio semillero de militancia sino en las canchas de futbol y los estudios de televisión.

Ese mecanismo, que se hubiese podido disculpar en sus inicios, años después marca una falencia grave: no se trata de una forma excepcional de resolver la necesidad puntual de un partido nuevo en expansión sino que es una forma de hacer política. No es una excepción sino una elección. Eso, una conducta errática a nivel legislativo y la fascinación por permanecer en la función pública los pone en un plano de igualdad con la clase política que nos llevó al incendio del 2001.

Casi una década administrando una ciudad emblemática como Buenos Aires sumado a un grupo interesante de diputados nacionales, el PRO no logró marcar diferencias institucionales profundas ni provocar efectos beneficiosos en el sistema político argentino.

En términos institucionales ¿estamos mejor que antes del macrismo? ¿Sirvió a la república su aparición? ¿Evitó desvíos? ¿Ejerció una influencia virtuosa? ¿La nación es mejor con ellos? La respuesta queda para la reflexión personal.

Es más, la inexperiencia en términos partidarios de Mauricio Macri y la de sus máximas figuras los hacen incurrir en errores políticos con consecuencias impredecibles para ellos, su espacio y el país. Tan de Mauricio es el partido que a nadie sorprendió los titulares que anunciaban “Macri habilitó a Michetti a competir en Capital”. Hasta donde sabemos, quien la habilita es la ley. Alguno dirá que el jefe de gobierno tiene merecido este tropezón por haber malacostumbrado a Michetti a alcanzar, a dedo, la postulación a los cargos que pretendía. Es la vieja historia del invento que complica al inventor.

Ahora la pelota la tienen sus simpatizantes que, hasta el presente, nunca reprocharon al PRO que calcara el comportamiento de sus pares en cuanto al personalismo interno y tampoco castigaron a Gabriela Michetti por abandonar los cargos después de pedirle a Macri competir por ellos y a la población, el voto para obtenerlos. En 2009 renunció a la vicejefatura de gobierno para ser diputada y ahora está dispuesta a dejar la banca de senadora para ser jefe de gobierno. Estas prácticas, habituales entre los históricos, no debería haberlas copiado un partido nuevo con gente nueva. Esa película ya la habíamos visto.

A las puertas de una interna que va a desgastarlos innecesariamente, el PRO vuelve a equivocar el foco. Hace una década no era la gestión el peor de nuestros males y hoy tampoco es momento de personalismos; parecen transitar la enfermedad de los partidos viejos: mirarse el ombligo. A menos que las diferencias que enfrentan a Michetti y Rodríguez Larreta sean más profundas que cuestiones estrictamente personales y le den sentido a esa pelea. Si es así, sería hora de saberlo.

Mientras tanto, nadie parece advertir allí que la Argentina enfrenta el grave peligro de continuar en este proceso, estéticamente legal, de ahorcamiento de las libertades individuales a partir del avasallamiento de la división de poderes y que el PRO, como parte importante de la oposición, debe hacer todos los esfuerzos posibles para evitarlo. Por ahora, la interna es el todo y eso, para la ciudadanía, es más de lo mismo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Mi intervención en el Senado


Texto de lo que dije en la Audiencia Pública convocada por el Consenso Parlamentario el jueves 12 de febrero (conformado por todos los bloques no K de ambas cámaras legislativas)

Dos comentarios sintéticos antes de ir al tema que nos reúne: primero, que voy a ser breve y luego, quiero agradecer esta invitación a compartir con ustedes mis reflexiones. No lo tomen como un cumplido porque no lo es; lo valoro sinceramente; y tal sea ésta la única frase amable que tenga para con los dueños de casa.

Ayer hablaba con mi hijo sobre esta reunión. Mi hijo que vive muy lejos gracias a este país ingrato que expulsa a nuestros jóvenes profesionales a buscar afuera mejores condiciones laborales, desafíos profesionales y mayor calidad de vida. Y él me dijo: “Traten de ver que se trata de un punto de inflexión, que el episodio Nisman es un antes y un después en la vida de nuestro país”. Y tomé su sugerencia. Pensé que, por su edad y por la perspectiva sobre los temas que le otorga la distancia, nos devolvía una mirada que nosotros podemos no tener.

Y reconocí que en verdad lo sucedido es un punto de inflexión. Pero quiero plantear en este debate “que sea” un punto de inflexión, no vaya a ser cosa que en poco tiempo también esta atrocidad termine cubierta por la siguiente atrocidad.

La luz de esperanza es esta convocatoria. Que los diputados y senadores hayan convocado a la sociedad civil es el reconocimiento explícito del fracaso del sistema de representación formal. Porque de otro modo, ninguno de nosotros estaría acá. No es tiempo de reclamos pero si vamos a empezar a hacer las cosas de otra manera, es importante reconocer las responsabilidades.

Pero como acabo de decir, no es momento de planteos. No pueden solos y han pedido el respaldo de la sociedad civil. Pues acá estamos. Como estaremos, en similares circunstancias, el miércoles próximo respaldando al Poder Judicial, que también ha pedido la presencia ciudadana. No será el momento de preguntarle a los hombres de la justicia qué hicieron hasta el día anterior a la muerte de Alberto Nisman, ni con cuánta firmeza defendieron la independencia de la justicia ante el 
avance del poder político. Vamos a estar. 

El periodismo juega un rol curioso en esta familia disfuncional en que se ha transformado la sociedad argentina.  Cuando fallan los canales de representación, el público nos utiliza como tales. Y aún cuando no fuimos elegidos para representar, representamos. Aceptamos esa mochila adicional y pagamos el costo, porque nos cuesta caro. Y nosotros no tenemos fueros pero igual lo hacemos. Y hoy levantamos la apuesta y nos comprometemos a eso y a no dejar caer esta causa en el olvido, ni a 
permitir que nos la tapen con otras cuestiones.

La sociedad comprometida, el periodismo comprometido; faltan ustedes. Queremos saber si esta vez va a ser en serio, sin van a ir a fondo, sin contemplaciones con este poder politico arbitrario que se ha cansado de erosionar las libertades individuales y las instituciones republicanas.

Queremos la respuesta por mi hijo que está lejos, por los padres de muchos otros jóvenes que tambien se fueron y muy en especial por los miles de padres que, en virtud de la inseguridad sumada a la falta de justicia, no pueden esperar la vuelta de sus hijos.

Por todos ellos necesitamos el compromiso de ustedes. 

Aunque hagamos todo bien de ahora en más no podremos devolverle la vida a Alberto Nisman. Pero al menos estamos a tiempo de devolverle la vida plena a nuestra república, que hoy languidece frente a nuestros ojos.

martes, 10 de febrero de 2015

Que la muerte de Nisman no sea en vano





María Zaldívar
Es muy difícil retomar la rutina después de la muerte de Alberto Nisman. Los análisis y las especulaciones electorales suenan inoportunas o intrascendentes. O quizá ambas. En lo personal, se sienten casi como una falta de respeto para quien perdió la vida buscando la verdad. Pero hay que seguir, hasta por él mismo. Esta columna rinde un sentido homenaje a su coraje y compromiso, y hace votos para que la justicia divina compense el bache que está dejando la de los hombres.
Primero que nada, sugiero no dar crédito a ningún trascendido respecto de su muerte porque el aparato de propaganda oficial está trabajando sin descanso para instalar decenas de versiones y trascendidos con el objetivo central, histórico y genético del kirchnerismo: confundir para ocultar.
Con el dolor por la desaparición de un hombre valiente y la desazón de sentir que lo que hacemos a diario no sirve o no alcanza, tratemos de darle sentido a esta muerte injusta. Que Nisman nos arranque del sopor que nos tuvo inmóviles o indiferentes. Hagamos algo útil: decidamos en este instante poner fin al kirchnerismo. Decidámoslo en nuestro corazón primero para que, una vez digerida la idea, la llevemos al plano de la acción. Y la acción puede ir desde elegir ya el candidato que apoyaremos en las próximas elecciones hasta participar en política de manera activa. Entre ambos extremos, todas las opciones intermedias de colaboración valen. Pero es preciso hacer foco en el objetivo y el objetivo es lograr que el FPV abandone el poder, si es que aún estamos a tiempo.
La decadencia a la que hemos llegado debiera alarmarnos: en el Poder Ejecutivo, una mujer acusada de usurpar títulos, acumular una fortuna mal habida y encubrir un atentado terrorista mayúsculo; una persona que nos avergüenza por sus desplantes y sus modales, incapaz de conmoverse con el dolor ajeno.El legislativo, dividido en dos grupos: una tropa de levanta manos sin dignidad, vergüenza ni límite versus un lote de mediocres que, sin querer o queriendo, les hace seguidismo. Y un Poder Judicial infectado de “zafaronianos” dedicados a defender a los delincuentes y, consecuentemente, abandonar a las victimas, celebrando la erosión del principio de justicia.
En esencia, esa es la foto del día.
Esta columna adhiere a la marcha del silencio convocada por los fiscales de todo el país para el próximo 18 de febrero porque es en homenaje al Doctor Nisman y es de buena gente estar en las malas. Hay que recordar al hombre probo que murió buscando la verdad  y hay que acompañar a sus pares. No es tiempo de preguntarle a los hombres de la Justicia qué hicieron antes de la muerte del fiscal, con cuánta decisión resistieron los atropellos de la política o si alguna vez pudieron defender con más firmeza la independencia judicial y no lo hicieron. Hoy hay que estar. La causa de los fiscales es la causa de cualquier argentino y frente al reclamo de que alguien haga algo, parece que uno de los poderes del estado se ha puesto de pie.
Asi lo entendió el foro Usina de Justicia que, a través de un comunicado, adhirió a la movilizacion del 18. “No podriamos estar en ningún otro lugar mientras se honra la memoria de Aberto Nisman” dijeron sus integrantes. Interesante reflexión para quienes dudan entre asistir o no. Pero además, sugieren la instancia internacional como garantía de imparcialidad.
Tras el fracaso rotundo del Poder Legislativo que a lo largo de treinta años no ha representado a nadie más que a sus propios intereses de cuerpo, las circunstancias hacen que la representación provenga de quienes no son elegidos por la gente, y cuya función tampoco es la de representarnos. Pero lo están haciendo en estos dias trágicos de la Argentina y bienvenidos ellos.
Sin embargo, es importante señalar la diferencia entre las marchas y esta marcha. Si la resistencia general a tanto desmadre se percibiera contundente, no habría que descartar que el Gobierno apelara a la “conmoción interna” como excusa constitucional para pegar un tirón a la cuerda. Próximo a las elecciones, el desorden urbano sería un escenario casi deseable para el kirchnerismo. Si la gente todavía no ha entendido que salir a la calle no le sirve políticamente más que al poder instalado, tiene el espejo de Venezuela donde mirarse. Hace años que sus habitantes salen por millares y, aún más bravíos que los argentinos pues se enfrentan al chavismo con un coraje que los lleva presos, no consiguieron limar a la dictadura. 
Entonces, es imprescindible no darle motivos al kirchnerismo para ninguna reacción porque son realmente hábiles levantando la apuesta. Que no tengan de qué quejarse; que deban inventarlo pero no le hagamos el juego porque, a pesar de los optimistas que los ven de salida, siguen teniendo la sartén por el mango. Si el desorden ganara la calle estarían encantados de declarar estado de sitio. Hay que acompañarlos a la puerta pero, ahora sí, con la inmerecida paciencia que supimos tenerles todos estos años.
En este momento crítico del país, en el que se necesita con desesperación estrechar filas y curar las heridas que nos hemos hecho unos a otros, una fuerza emerge tras la consigna de representar el antiperonismo. Con ese planteo ¿hacia dónde está empujando al voto peronista?  ¿Quién necesita otra expresión sectaria en la sociedad? ¿Qué suma de novedoso al sectarismo K? La Argentina no necesita un sectarismo de distinto signo al presente sino una convocatoria amplia, con grandeza para aceptar a todos los que estén dispuestos a volver al estricto cumplimiento de la ley. 
Que la perplejidad, por completo razonable frente a la atrocidad, se transforme en convicción profunda y nos despierte. Necesitamos argentinos avergonzados por lo que nos pasa, lúcidos para ver las trampas del kirchnerismo y sus aliados, maduros para elegir lo que nos conviene a todos más que lo que preferimos en casa y decididos a abandonar el pozo.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Ganarles en primera vuelta


Hay cientos, tal vez miles de facturas para pasarle al kirchnerismo acumuladas tras una década de ejercicio discrecional y abusivo del poder. Desde la destrucción del sector agropecuario a las devaluaciones seriales de las que son responsables porque no han depreciado sólo la moneda sino también la justicia, el patrimonio histórico, los valores compartidos o sea el pasado y con ello, el futuro. Pero hay que reconocer que, con independencia de esta circunstancia, la incompetencia de los opositores es exclusiva responsabilidad de cada uno de ellos, que no hacen sino colaborar con el éxito de la carrera kirchnerista hacia el abismo. Porque en materia de decisión y de acción, los K corren solos. Al resto, nos arrastran o nos empujan, depende dónde estemos parados.

Los devaneos de los opositores al gobierno no les hacen ni cosquillas. Hasta tal punto no temen a nadie que tienen la deferencia de advertirnos, con un año de anticipación, que las próximas elecciones las ganarán en primera vuelta. Y como que el resto siga “papanateando”, no es loco pensar que estén en lo cierto.

Dicho esto y advertido que quienes hablan del "fin de ciclo K" no pueden más de necios, de miopes, de tontos o de cómplices, urge encontrar una salida a tamaña catástrofe. A menos que estemos dispuestos a más La Cámpora, más cepo, más inseguridad, más miseria, más Boudou, más narcotráfico, más Gils Carbó y más impunidad. Si tenemos claro que esa no es nuestra opción y dicen ser muchos los que no podrían tolerar otro período kirchnerista, es el tiempo de razonar y tomar decisiones correctas. Las necesarias sobre las preferidas. Porque la Argentina está acostumbrada a hacer lo que quiere más que lo que debe, un tic que se nos incorporó como consecuencia de la laxitud de las normas. Cuando comprobamos que ignorar la ley en muchísimos casos no trae consecuencias, optamos por ese camino. Y también cebados por la propia clase dirigente que viene dando el ejemplo de lo bien que le va aún hasta coqueteando con el delito.

Nos hemos dejado estar tanto como sociedad que ahora deberemos saltear muchos debates. El enfermo atraviesa un estado crítico. No es momento de practicarle un lifting porque la estética pasó a segundo plano.. Hay que combatir la enfermedad terminal que lo aqueja. Ahora o nunca. Hay poco tiempo y menos opciones así que no cabe errar ni el diagnóstico ni la cirugía. Hay que elegir el cirujano y, aunque los familiares suspiran por Favaloro, Favaloro no está.

Para aventar definitivamente la sombra del kirchnerismo hay que ganarle en primera vuelta. Antes de eso, la ciudadanía tiene las PASO y ahí podrá elegir a su preferido. Pero tiene que saber que el resultado de ese primer testeo será crucial y tras ese experimento todo individuo responsable debería votar al que resultare primero de la gama no kirchnerista. Sin dudarlo. Si todos los que no votaron al candidato oficial empujan en la misma dirección, se podrá despejar el horizonte y la última década se convertirá en un mal recuerdo aunque, por supuesto, con muchas consecuencias que padeceremos por años.

Esa convergencia, sin embargo y a pesar del riesgo latente que debería impulsarla, no va a ser fácil porque los dirigentes están tan empacados como los votantes. Tampoco se entiende muy bien por qué dado que en las actuales opciones nadie se siente del todo cómodo y representado, y siempre existe una pata que disgusta. Los que votan (o votaban) UNEN por Carrió, detestan a Pino. Muchos radicales no simpatizan con Macri y los del PRO miran con recelo el ala izquierdista del espacio FA-UNEN. El socialismo no parece entusiasmado con ningún acercamiento nuevo y los más aliancistas ven con horror que, cuando incorporan por un lado, pierden por el otro, lo que les termina dando una cuenta de suma cero, encrucijada que sólo se resuelve entendiendo que cualquier candidato será menos malo que la continuidad.

La letanía que se ha puesto de moda entre la oposición es la de “basta de peronismo”. Ese numéricamente importante lote de ciudadanos suele inclinarse por el PRO, como si Mauricio Macri no hubiese desembarcado en la ciudad de Buenos Aires con el apoyo y la estructura de un amplio sector del PJ Capital. Desde Carlos Grosso, pasando por el ex funcionario K Juan Pablo Schiavi a Miguel Angel Toma y muchos otros peronistas pusieron su granito de arena en aquel armado. Diego Santilli nunca dejó de reivindicar que su corazón late al compás de la marcha peronista y hasta no hace mucho tiempo, Cristian Ritondo seguía afiliado al partido de sus amores. Tanto es su reconocimiento al fundador del movimiento que nuestra ciudad capital tendrá la primera estatua del General Perón gracias a sus gestiones.

La gran ganadora de estas rencillas es sin dudas, la izquierda más radicalizada que, colgada de la alianza opositora de turno, viene acopiando escaños que sola no hubiese ni soñado con ocupar. Aún así, ejerce su poder de veto a acuerdos y, sin querer o queriendo, le hace el juego al oficialismo.
Otros rechazan el espacio de Sergio Massa por las huestes ex kirchneristas que lo pueblan; algunos lo hacen de buena fe y otros con algo de pose, porque parecen molestarles más los ex K del Frente Renovador que los que recalan en el PRO, como la ex ministra Graciela Ocaña o el abogado Pablo Lanusse.


En conclusión, es necio pretender, a esta altura de la historia, ignorar la transversalidad que ha logrado el peronismo. Hay que tener claro lo que dice un peronista histórico: “Ojo, que el kirchnerismo es uno solo”. Entonces, en lugar de mirar de dónde viene cada uno tal vez haya llegado el tiempo de fijarse a dónde apuntan. Y jugarse. Porque, de un lado, ya sabemos lo que hay.